Por Carlos Chavarría

Algunos países ya están en medio de una crisis de envejecimiento pero lo alivian importando mano de obra de otros a través de la migración o de la globalización de sus manufacturas.

De acuerdo con datos de la ONU (un_2015_worldfertilityreport_highlights.pdf) entre los años de 2010-2015 la tasa de fertilidad promedio por mujer era de 2.1 nacimientos, mientras en el período anterior comprendido de 1970-1975 fue de 5.5. Antes de 1970 22 países ya estaban por debajo de 2.1, en 2013 ya 83 estaban por debajo de ese nivel mínimo.

Según la misma fuente de datos, México, antes de 1970 tenía una tasa de 5.7, para 2015 se había reducido a 2.29 y se seguir así en 2040 será de 1.72.

Se supone que el crecimiento demográfico no solo es un asunto de observación pasiva sino que exista una política y acciones concretas  derivadas en los campos de educación, salud y planeación económica que nos acerquen a un objetivo para el desarrollo y movilidad poblacional.

Ningún país está exento de ese proceso de control poblacional que surgió en los 70´s del siglo pasado. En México aún resuena en los oídos de la generación de los  “baby boomers” aquel lema de “la familia pequeña vive mejor”. Esa campaña se lanzó como respuesta a tasas de crecimiento poblacional que sonaban insostenibles.

Ahora ya el problema parece que  no existe porque ya no se requiere de campañas  desde el gobierno para se tengan menos hijos, de hecho, la tasa promedio mundial de fertilidad por mujer se encuentra muy cerca del punto de los 2.1 nacimientos por mujer fértil mínima requerida para la sostenibilidad de la humanidad.

El estudio de la demografía es la parte central de todo  proceso de planeación, mas aún para el sector público. Las tendencias demográficas son la materia prima para el calculo de la demanda  de todo bien o servicio, al mismo tiempo de los ingresos y gastos del sistema de gobierno.

Gran parte de los problemas que aquejan a todos los países en la actualidad, como son los de seguridad social (pensiones, salud, etc.), provienen de haber desatendido el tema de la política poblacional  y/o  de una mala planeación en su conjunto partiendo de tendencias demográficas erróneas.

Existe una fuerte correlación negativa entre desarrollo económico y fertilidad. Los países de más alto desarrollo se las han ingeniado para resolver sus problemas de pirámide poblacional con una suerte de política migratoria que facilita la importación de mano de obra de los países menos desarrollados y hasta con incentivos  de tipo fiscal para promover los nacimientos.

En México si se busca en el sitio del Consejo Nacional de Población (CONAPO) la política poblacional simplemente no se encontrará nada al respecto, así que el crecimiento demográfico sigue las tendencias socioculturales del momento que se dirigen hacia la reducción de las tasas de nacimientos  en algunas regiones y la respuesta ha sido importar mano de obra de algunos estados de menor desarrollo, con todos los efectos que esto causa.

No es de extrañar entonces que los problemas que se padecen de servicios públicos y de todos los relativos al desarrollo social  y económico sean una consecuencia directa adjudicable al abandono de la política poblacional por parte del gobierno federal.

El asunto es denso y complejo pero esta es la causa raíz del desastre que es la calidad de vida de nuestro entorno doméstico.

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