Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Ninguna nación fue arruinada jamás por el comercio.” // Benjamín Franklin

Están ahí desde que tengo uso de razón y los he visto en todas las grandes ciudades del mundo, los comerciantes informales existen por la necesidad de un mercado de adquirir productos baratos en ubicaciones de tránsito diario y porque son una de las formas más sencillas del hombre para ganar algo de dinero.

Y es que era más que obvio, a banquetas más anchas, mayor número de puesteros y con instalaciones más amplias; pero ojo, están sólo en las avenidas de alto flujo de personas, porque en las nuevas banquetotas instaladas por Ricardo Covarrubias, en el rumbo del Tec, no ves a ninguno.

Les han hecho mercados para reubicarlos, probaron aquella solución de cerrar Colegio Civil y Reforma con puestos, nada han conseguido, tan pronto se mueven unos de los clásicos puntos como ya están apareciendo otros.

Mientras haya clientes que les adquieran sus productos ahí seguirán ofertando sus mercancías, hagan lo que hagan las autoridades y por muchos gritos y quejas de los comerciantes formales.

Se alzan voces diciendo que son más y que en lo que va del año no se han hecho operativos y han caído las multas, sinónimo según ellos de la existencia de “moches”, pero… ¿y qué tal si la inacción del municipio obedece a un criterio de apoyo social en la pandemia para no afectar a quienes al verse sin trabajo buscan una forma lícita de vivir?

Porque tener un puesto en las grandes avenidas no es un asunto sencillo. Hay que indagar quién es el “dueño” de la zona e ir a reportarse con la cuota que te permita instalarte en el lugar, cuota que te significa además de la venia el contar con protección y el no ser molestado por autoridad alguna, amén de ser avisado de posibles operativos y hasta ayuda para recuperar tus mercancías en caso de que te las quite algún inspector.

Tendríamos que partir de la base de que será materialmente imposible el desaparecerlos y buscar de manera conjunta un método que les permita coexistir de manera legal, sin dar moches a líderes o servidores públicos y que ordene y regule la actividad.

Tendríamos también y dadas las circunstancias, que pensar que son tiempos especiales por la pandemia y que hay miles de personas sin empleo que buscan una forma honesta de ganarse un peso y que debemos darles la oportunidad de hacerlo.

No es con el dedo flamígero de la acusación de corrupción como vamos a resolver los problemas y menos cuando se acusa con supuestos y sin pruebas; pensemos como sociedad, busquemos los “cómo sí” y dejémonos de cuentos, que a esos nadie los moverá de esos lugares.

ftijerin@rtvnews.com