Por Félix Cortés Camarillo

Desde los tiempos de la vieja Rusia, de la zarina ninfómana Catalina la Grande y su amante Grigori Potiompkin, éste inventó los montajes, en el más puro estilo García Luna, para hacerle creer a Catalina realidades falsas sobre la vida en los pueblos empobrecidos y expoliados que se llamaron desde entonces “aldeas Potiomkin” y en las que todo simulaba felicidad de los muzhiks rusos.

Ilusiones que a su manera dieron cuerpo a una serie vieja de televisión estadounidense en la que Ricardo Montalbán interpretaba a un ilusionista que, acompañado de un Hervé Jean-Pierre Villechaize, actor enano y finalmente suicida, recibían “el avión, el avión” que llevaba a su isla de la fantasía ilusos turistas que querían que se escenificara una de sus más trascendentales situaciones vitales de ilusión.

Yo no estoy seguro, pero tengo la sospecha de que la frase de que nos daban “el avión” cuando querían engañarnos proviene de esa escena memorable en la televisión en blanco y negro. De lo que no tengo duda es de que el presidente López nos está dando el avión desde hace dos años, como lo hicieron sus predecesores priístas y panistas, engañándonos.

Desde el huachicol -que sigue vivo pero ya no se menciona- pasando por el escándalo de Emilio Lozoya Austin -que sigue vivo pero ya se le olvidó a la Fiscalía-, el juicio a los expresidentes -que sigue pendiente pero está- el avión presidencial -que ahí sigue estacionado- la exigencia de que el Vaticano y la corona española pidan perdón a los indios mexicanos -que ya fue rechazado vigorosamente- por lo que pasó hace quinientos años, hasta la misión de la esposa del presidente para traer de Viena el penacho de Moctezuma para una exposición que se adivina faraónica el año que viene en que coinciden los aniversarios de la fundación de Tenochtitlan, su caída y el segundo centenario de la consumación de la independencia de España.

Circo vil.

Potiomkin revivido.

El avión, el avión.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿Qué pasó con el pago de los cien premios de veinte millones de pesos cada uno en la rifa del avión Presidencial? Un buen número de esos premios lo ganaron boletos regalados por el INSABI a clínicas y hospitales. Pero los ganadores no han visto claro ni mirado su cheque. Esto es como la venta del avión, que hace mucho Usted no menciona. ¿Será que hoy el distractor de turno es la supuesta corrupción -nunca documentada- en los 109 fideicomisos asesinados por su afán de hacerse de efectivo para sus limosnas compradoras de votos?

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