Por Obed Campos

Hoy rinde su quinto informe de gobierno Jaime Rodríguez Calderón “El Bronco” y llega con un equipo diferente al que lo acompañó a tomar el poder en el 2015.

Ayer “le aceptaron” la renuncia a Diana Luisa Adame Castillo, la otrora poderosa jefa de comunicación social, quien acompañó a Jaime en su campaña por Nuevo León y en la campaña fallida por la presidencia.

Muchos celebraron su salida, primero que nada, porque la dama, en su ignorancia imberbe, fue una verdadera cabra en cristalería por donde pasó en Gobierno del Estado, y parecía que el gobernador le soportaba todo.

Y se fue…

“Cayó Diana Adame… Fue cesada por el Gobernador… Las traiciones se pagan caro… César Valdez y ella dejaron de ser parte del equipo Bronco”, fue un apunte que me mandó un informante ayer poco después de mediodía.

Lo loco del caso es que a Adame Castillo no le aceptaron la renuncia, como ella quiso propagar. Fue cesada por órdenes de Jaime, de quien era cercana, porque ni ella ni su marido quisieron hacer caso: el municipio de García no se negocia y César renunció hace días a su puesto, concretamente el 6 de octubre, porque se sabe que va a buscar ser candidato a la alcaldía de ese municipio.

Los que durmieron tranquilos anoche fueron los empleados de Canal 28, la televisión oficial de Nuevo León, que es a donde fue enviada Diana en sus últimos días en Gobierno del Estado y, que con el pretexto de los ahorros mal entendidos, sufrieron los miedos del despido por “reajuste de personal”.

En política las casualidades no existen, pero sí existen las “casualties” que en inglés significan “una persona lesionada o muerta en un accidente o guerra”.

Aclaración no pedida

Dicen que tener que explicar un chiste es no saber contarlo. Ayer hablé de las malas condiciones de los retenes antialcohol en Monterrey y Guadalupe, Nuevo León, porque no respetan las más elementales medidas sanitarias ni de sana distancia.

Mis dos lectores dicen que siempre salgo con la misma canción: ¿usted cree que no hay borrachos al volante en Texas? ¿Y cómo lo solucionan?

Pues con el sano pavor a las altísimas multas y el cero influyentismo. Allá no hay a quien llamarle para pedirle el favor que lo saque a uno del bote por alcoholemia, como ya sucede aquí en Monterrey, que, ni llamando el alcalde Adrián de la Garza (por instrucciones suyas) se libera a algún conductor borracho.

Por lo demás, aquí en México los retenes son más una caja chica que un operativo preventivo

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