Por Waldo Fernández

Algo muy delicado está ocurriendo en México. Cada vez es más común el discurso de odio entre aquellos que están en contra de López Obrador. 

Discurso de odio que empieza por estigmatizar a las personas, por ejemplo “todos los seguidores de López Obrador son unos ignorantes”, y que evoluciona hasta incitar a la violencia entre la población.

Puede parecer una exageración, pero mire hay países que ya sufrieron las amargas consecuencias que produce el discurso de odio y a partir de ello decidieron castigar legal y socialmente estas conductas entre la población. 

En nuestro caso, si bien hoy en día la opinión pública está polarizada, no llegamos todavía a un estado de alerta, PERO ojo, porque como le dije al principio, cada vez es más común que quienes son opositores al presidente se pasen de la raya y de manera irresponsable azucen la violencia entre la población. 

Dos ejemplos en dos semanas. Primero el escritor Francisco Martín Moreno, un “intelectual” y figura pública, que durante una entrevista de radio declara lo siguiente:

 “Yo por eso propongo, que si se pudiera regresar a la época de la inquisición, yo colgaba a cada uno, no colgaba, quemaba vivo a cada uno de los morenistas en el Zócalo capitalino”.  

Segundo ejemplo, una conductora de televisión en el estado de Campeche: “Me urge que AMLO muera accidentalmente. ¿Cómo le hacemos?”, escribió la chica en su cuenta personal de Facebook, el mismo día que el presidente López Obrador visitó la entidad.

Ambos personajes ya pidieron disculpas, pero lo que no entienden es que el daño ya está hecho. Porque cuando utilizas el discurso de odio el daño es irreversible, el veneno está esparcido entre la población. 

Quienes estamos en contra de este tipo de actitudes tenemos que señalar y denunciar este tipo de conductas. Porque nada justifica la violencia de cualquier tipo, porque así, con discurso de odio, empiezan los movimientos que luego atentan contra la población. 

Aprendamos a identificar este tipo de conductas, pero sobre todo a ponerle un alto. Nadie que esté en contra o a favor de nada tiene derecho a propiciar que como sociedad nos enfrentemos de manera violenta entre nosotros mismos. 

No, no son comentarios graciosos ni es algo que no trae consecuencias. Sino vaya usted a Alemania y dese cuenta que si  se le ocurre hacer el saludo nazi lo van a detener y seguramente pasará un tiempo en la cárcel.

Son así de severos porque vivieron las consecuencias del discurso de odio. En México estamos muy lejos de que eso suceda, pero nunca es temprano para ponerle un alto a quienes usan el discurso de odio como herramienta de sus fines políticos.