Por Félix Cortés Camarillo

Es mi obligación reconocer, y lo hago sin cortapisa alguna, que siempre he considerado que el presidente López tiene muchos defectos, pero que entre ellos no se encuentra el de ser tonto. Ante el anuncio de que no reconoce al presidente electo de los Estados Unidos ya comienzo a tener mis dudas: con su postura se formó y nos formó en la escuálida fila que integran Donald Trump, Vladimir Putin, el presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel….y Patricia Navidad.

 ¡Qué bonita familia!

La decisión de retrasar lo más posible el reconocimiento al mandatario electo es irracional, visceral, irreflexiva y simplemente pendeja.

Técnicamente, el argumento de esa pandilla es impecable. Joe Biden será oficialmente presidente electo de los Estados Unidos hasta el 23 de diciembre. Será entonces cuando hayan sido agotados los recursos judiciales que Trump emprende hoy -voto por voto, casilla por casilla- y que están siendo rechazados ya por los diferentes jueces en cuyos escritorios han caído. Previo a la Navidad, el Colegio Electoral calificará todos los dictámenes de los cincuenta estados para que la Corte Suprema proclame al vencedor de las elecciones. Pero nadie tiene duda, ni siquiera Trump, de que el presidente electo es Joe Biden.

Es verdad, y no se nos debe olvidar, que setenta y un millones de norteamericanos votaron por Trump, en un número récord total de votantes en los Estados Unidos; por ello Trump persiste en la lucha para conservar y avivar a su ejército con miras a las elecciones del 2024. Por ello, el discurso de Biden es de conciliación y de unidad. Mis adversaros no son mis enemigos: todos son americanos, dijo en Wilmington la noche del sábado. Una frase que, entre muchas otras cosas, debería considerar el presidente López: no lo está haciendo.

Pero esos votantes norteamericanos están allá. De este lado de la línea, es innegable que, con excepción de López Obrador, la mayoría de los mexicanos recibimos la noticia de la derrota de Trump con una mezcla de alivio y esperanza. Se acaba aquí la temporada de un presidente norteamericano que públicamente llamó a los mexicanos ladrones, asesinos, drogadictos y narcotraficantes. Revivimos también la vergüenza que nos dio el 8 de julio de este año el discurso del presidente López en la Casa Blanca, basado en una gran mentira: el agradecimiento que López dice sentimos los mexicanos por haber recibido de Trump un trato de “gentileza, comprensión y respeto”.

Más temprano que tarde, la burocracia electoral y legal de los Estados Unidos ratificará lo que todos ya comenzamos a celebrar el sábado a mediodía: el triunfo de Joe Biden. Cuando eso suceda, el presidente López no tendrá más remedio que emitir un tibio saludo de felicitación al presidente de los Estados Unidos: para entonces ya había -desde el sábado pasado- llegado tarde.

Por experiencia personal, López Obrador sabe que los políticos, como él mismo, son memoriosos y rencorosos. Ahora debe saber que inició las relaciones de México con el nuevo régimen de los Estados Unidos, con el pie equivocado: metiendo la pata.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿Ya se dio cuenta de que el capricho de cancelar el Fonden le hará desviar fondos del presupuesto? México no puede gobernarse a base de caprichos con el pretexto de que todo estaba corrompido. La ineficiencia es también corrupción. ‎

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