Por Félix Cortés Camarillo

Ay, como es cruel la incertidumbre…

Gonzalo Curiel, Incertidumbre

En las elecciones presidenciales de los Estados Unidos del siete de noviembre del 2000, el ganador de gran mayoría del voto popular fue el demócrata Al Gore; los medios lo anunciaron con gran convicción y todo parecía estar en orden, salvo para George Bush Jr., el candidato republicano. Durante 35 días el país entero estuvo en vilo por las maniobras de los Bush, que acabaron consiguiendo los votos electorales de la Florida por un margen de nueve milésimas porcentuales del voto popular en ese estado, en un tremendo chanchullo que no se había visto antes.

Hoy, y mañana y pasado y durante varias semanas, el presidente Trump estará tocando las puertas de todos los jueces que pueda para ordenen un recuento en los estados que perdió. Todo indica -y varios jueces que tuvieron que decidir sobre la marcha del conteo- han descalificado las pretensiones del aún presidente.

Fiel a su natura, Donald Trump seguirá siendo el insolente patán que ha sido durante cuatro años con todo aquel que no se ciña a sus dictados; estoy convencido de que aún si el caso llegara a la Suprema Corte el 20 de enero Joe Biden tomará posesión de su cargo en las escalinatas del Capitolio.

Con algunas variaciones si Trump sigue encaprichado, y es probable que siga así.

El protocolo de toma de posesión del presidente es muy sencillo pero molesto para Donald Trump. Normalmente, el presidente entrante duerme con su esposa la noche del 19 de enero. La mañana del 20 el presidente saliente invita a desayunar al entrante. Después del desayuno, el presidente saliente se adelanta rumbo al Capitolio para esperar ahí a su sucesor. Usualmente se sientan uno al lado del otro, en la primera fila, de la que el nuevo mandatario se levanta para -con la mano izquierda sobre la Biblia que sostiene su esposa- jura respetar la Constitución y las leyes y hacer su mejor esfuerzo por ser un buen presidente. So help me God, “que Dios me ayude” termina la oración.

Si le creemos a Trump, él no va a invitar a Biden a la Casa Blanca y muy probablemente no acuda a la ceremonia de toma de posesión. Todo puede suceder con este señor.

Desesperanza y desesperación tienen el mismo origen etimológico. Cuando se pierden las esperanzas de llegar a alguna meta suele apoderarse de nosotros la desesperación y nuestras decisiones suelen nacer de las vísceras y del rencor y la ira, momentáneos o crónicos como parece ser el caso.

No creo que Donald Trump puede torcer el curso de la historia. Puede retrasarla un poco y ponerle todos los obstáculos que a él y al señor Rudolf Giuliani, su principal abogado se les ocurran

Quiero pensar que con todo esto vendrán mejores tiempos. Quiero ver una premonición en el anuncio de los laboratorios Pfizer de que han llegado a una vacuna efectiva, aunque es lógico que para que esa vacuna llegue a México ha de pasar al menos medio año. Pero vamos arando, dijo la mosca subida a los cuernos de la yunta.

Los norteamericanos van a pasar cinco semanas de incertidumbre.. Los mexicanos, con excepción del presidente López y sus corifeítos, ya estamos celebrando.

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