El tradicional concierto de Año Nuevo en Viena se realizará este 2020 sin audiencia física. 

“No podemos abolir la música y la cultura, aun en pandemia. Es extraño interpretar música llena algunas veces de alegría y otras de nostalgia, pero se ha concebido para dar un regalo al público”, fue parte del mensaje emitido por Riccardo Muti, director invitado para encabezar a la Orquesta Filarmónica de Viena en su actuación más popular.

En conferencia de prensa en el teatro que recibiría la cadencia de valses y el gozo de polcas, Muti remarcó: “tocaremos en esta festividad de enero, no sólo como un mensaje de hermosa música, sino como uno de esperanza.

“Un inicio de año sin música sería como una tumba, un signo negativo”, dijo el director de 79 años, quien ha colaborado con esta orquesta desde hace medio siglo.

Habló desde Viena, capital de un país que ayer tuvo récord de contagios y suma más de 6 mil muertes por Covid-19.

“Es el ambiente de una película de horror”, sin nadie en las calles, incluso en el hotel, describió el músico italiano y señaló que cuando aceptó la invitación, nunca hubiera imaginado una situación como la que estamos viviendo.

Tras una discusión, se decidió brindar la presentación que marca el fin de 2020 en la sala que es el símbolo de siglos de lo mejor de la música, aunque sea sin el público ahí presente, pero con la mirada desde los cinco continentes.

El júbilo de otros años en la fastuosa sala, de acústica excepcional, ha sido sustituido por la ausencia de personas. Ahora, se han acomodado entre los palcos, butacas y doradas efigies las cámaras de televisión para una presentación sin aplausos ni vítores de pie, que años antes hicieron danzar en alguno de los mil 700 asientos.

La función del 1º de enero se transmitirá en vivo por televisión desde la sala Dorada del Musikverein (Salón de Música), en la capital austriaca, donde se efectúa cada año. 

De acuerdo con los organizadores, lo observarán aproximadamente un millón de personas en cien países, aunque en México ningún canal lo transmitirá. Las fechas del 30 y 31 de diciembre se harán sin audiencia, en una sala vacía. Para ingresar, los músicos deben someterse a diario a pruebas para comprobar la ausencia del virus y portar cubrebocas.

La veloz y alegre Marcha Radetzky, de Johann Strauss hijo, cierra por costumbre el concierto, con la audiencia en aplauso al compás de la orquesta, por momentos dirigidos por la batuta invitada, rompiendo así la solemnidad que acompaña a toda orquesta de renombre.

Considerado uno de los himnos de Austria, que celebra al ejército austrohúngaro, la marcha se interpretó por primera vez en 1946, con la dirección de Josef Krips, quien utilizó la pieza como un primer encore.

El resto del programa, que no suele tener grandes variaciones cada año, en esta ocasión ha incluido por primera vez algunas piezas, como las de los autores contemporáneos Carl Millöcker, Carl Zeller o Karl Komzák.

Por supuesto, como marca la tradición, sobresalen obras de la célebre familia de música vienesa, los Strauss, los más altos representantes del vals. 

Incluido El Emperador, o el controvertido Sobre las olas, cuya disputa por su autoría se encuentra entre el mexicano Juventino Rosas y Johann Strauss hijo.

La obertura Poeta y campesino, de Franz von Suppé son parte de la novedad del festejo musical del cierre de 2020, así como la marcha Fatinitza, también del compositor austríaco, y que es la pieza encargada de iniciar la próxima gala.