Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Hay fisuras que se resuelven en fracturas. En estas elecciones lo que empezó como grieta puede convertirse en falla. El grupo más dividido es el del PRI con un PRI medinista y el otro PRI que cada vez se acerca, en candidaturas y operatividad electoral, a Morena. Los medinistas no supieron entender la política de composición y de inclusión y todo lo hicieron conflicto. Rodrigo Medina, Adrián de la Garza y Francisco Cienfuegos despreciaron al priismo histórico, al priismo tradicional y ahora sufren las consecuencias.

Bajo la premisa de que el que paga, manda, los medinistas se convirtieron en políticos del agandalle. Al excluir a Clara Luz Flores, el PRI medinista se inventó el adversario que los va a derrotar. Al desdeñar a Ildefonso Guajardo, Rodrigo, Adrián y Paco quemaron su mejor nave, guardaron su mejor carta. Las fracturas del partido prefiguran su derrota, una derrota más grave que la obtenida a pulso en 2015.

La llegada de Fernando Larrazabal no divide al PAN. Pésimo jugador de este proceso interno, Víctor Fuentes repitió, mal, la sentencia de Las Vegas: lo que sucede en el PAN se queda en el PAN. Víctor no le levantará la mano a Fernando, pero tampoco provocará una implosión. La nueva etapa del PAN, gane o pierda, convertirá en líder a Larrazabal.

Este PAN, dentro de sus fracturas, tendrá una recomposición interesante al incorporar “orgánicamente” al gobernador Jaime Rodríguez Calderón y algunos de sus colaboradores, estos últimos a puestos de elección popular. El PAN de Raúl Gracia, Zeferino Salgado, Fernando Larrazabal y Víctor Fuentes, tendrá que ponerse de acuerdo en sus simpatías y sus diferencias, en sus negociaciones particulares que, desde el inicio, ya agrietaron la candidatura de Fernando Larrazabal, ¿cómo conciliar los intereses de Chefo y Paco Cienfuegos con la búsqueda de Fernando de la gubernatura?

Hasta ahora, Fernando Larrazabal está supeditado a los designios de Chefo, Raúl y Víctor. En la medida en que avance la campaña tendrá que imponerse a sus correligionarios porque si el candidato no manda, entonces ¿para qué ser candidato? ¿Para repetir la triste historia de Felipe de Jesús Cantú?

En Movimiento Ciudadano, si no una reconciliación, al menos debería haber conciliación. La distancia entre Samuel García y Luis Donaldo Colosio puede ser abisal, la pregunta es, ¿todavía es salvable? El proceso interno en MC dejó heridas que no han sanado. Lo paradójico es que si Samuel va por la gubernatura y Luis Donaldo por la alcaldía, MC tendrá menor votación que las anteriores elecciones. La conciliación entre García y Colosio tendría que ser creíble y tal parece, si existe tal, no lo será. El tiempo electoral trabaja en contra de estos dos jóvenes políticos.

Toda coalición exige negociación y en Morena empezó la danza de las candidaturas. Los morenistas desplazados por la candidatura de Clara Luz Flores, el PT, Partido Verde y Nueva Alianza empezaron a estirar la cuerda para competir por algún puesto de elección popular. El trabajo de Clara Luz tendrá que ser un trabajo quirúrgico para que las designaciones no se vuelvan problema. Es difícil que esas fisuras se conviertan en fracturas. Y el verbo será compartir, no repartir.