Por Eloy Garza González 

Hace muchos años mi mamá sufrió cáncer de mama. Como era pensionada de Pemex se atendió en la clínica de Cadereyta, Nuevo León. En teoría, mi mamá era una de las privilegiadas del sistema de salud en México. Reservaba sus consultas por teléfono, dos o tres días antes, desde las siete de la mañana, porque si no, le ganaban el espacio.

El día de la consulta, mi mamá se formaba en una larguísima fila de pensionados. Esperaba varias horas su turno en la antesala de la clínica. Finalmente la recibía un médico con la misma cantaleta: “No hay medicamentos para su enfermedad, regrese luego”.

De no haberse atendido mi mamá su cáncer por su cuenta, ya no estaría viva. Por fortuna, sus hijos corrimos con los gastos. Años después le regresó el cáncer y por segunda vez la libró. Pero ya solo se atendía lo mínimo indispensable en la clínica de Pemex. Los procesos de atención médica en esa paraestatal están diseñados, con pandemia o sin pandemia, para desalentar pensionados: calculan que sale más barato desmoralizar gente que curarla. Al morir, te regalan el ataúd y el nicho donde descansarás para siempre. El resto se va por la coladera, o sea, se lo queda el sindicato de Pemex. Y quienes licitan los grandes contratos de la paraestatal.

Imagine el lector a los pensionados que esperaban en la antesala de la misma clínica, junto con mi mamá. Si a cada uno le hubieran preguntado: “¿Le parece recibir un trato justo?”, todos hubieran dicho que no. Si les hubieran preguntado: “¿Cree que el gobierno está haciendo lo suficiente por usted?”, todos hubieran respondido que no.

Yo estoy muy molesto con AMLO por la falta de medicamentos en el sistema de salud. El Covid-19 acapara todos los reflectores. Pero la gente se sigue muriendo también por otras enfermedades igualmente graves como el enfisema pulmonar, o los males cardiovasculares. Y si antes no había medicamentos para paliar estas enfermedades, ahora con la pandemia menos. Todo está peor.

Esa deficiencia de atención médica no la tolero. Me parece inhumana. Me resulta muy injusta. Pero también estuve muy encambronado en su momento con Felipe Calderón y con Enrique Peña Nieto. Lo que pasa es que ahora el desabasto de medicamentos se opaca porque todo está monopolizado por el Covid-19. Como que ya casi nadie se muere de otra cosa, lo cual es una idea absurda.

La cuestión entonces no es si debe cambiar el sistema de salud en México. O si debemos privatizarlo. Ni siquiera si merece desaparecer o no. Hay consenso entre los mexicanos de que debemos hacer que funcione. Punto. Y esto es urgente con pandemia o sin pandemia. Con coronavirus o sin coronavirus.

Yo que AMLO en vez de tanta Mañanera insulsa y tediosa, convocaba aunque fuera por Zoom a todos los especialistas nacionales en el tema, liberales o conservadores (vale madre eso), para emprender la gran reforma pendiente al sistema de salud. Porque sigue pendiente.

No bastó, como cree el presidente, con que reacomodara las mismas sillas y le cambiara el nombre al sistema completo, para que todo se arreglara como por arte de magia. Mi mamá y los millones de pensionados de este país, se merecen una reforma integral urgente.