Por Verónica Malo Guzmán

@maloguzmanvero

“La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, pueden ser sanas o perniciosas, eso no importa. Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea.”

Aldous Leonard Huxley

No hay becas para médicos (salvo, claro está, si la práctica o “especialidad” la desean realizar en Cuba), científicos o profesionistas que quieren hacer un posgrado en el extranjero. Tampoco hay dinero para la investigación. Los fideicomisos, que en algo a ello asistían, han desaparecido y los presupuestos públicos para los programas de innovación en universidades se han ido reduciendo de manera continua.

Pero este gobierno federal, a través de su Consejo Nacional para la Ciencia y la Tecnología, sí pudo pagar 5 millones 817 mil pesos al doctor John Ackerman para hacer algunos estudios, entre ellos, uno que lleva por rimbombante título: “Democracia, culturas políticas y redes sociodigitales en una era de transformación social”; y otro: “Los usos políticos de la pandemia. Narrativas y desinformación en México”.

El segundo concluye que, “en el marco de la disputa poselectoral en México… hubo grupos de interés políticos y económicos con el objetivo de desestabilizar la estrategia gubernamental” de combate a la pandemia, y que Hugo López-Gatell “fue blanco de ataques”, amén de una “narrativa opositora”.

En pocas palabras: el CONACYT al servicio de Ackerman, pagando un estudio consistente en investigar a los opositores con el único fin de desarrollar material propagandístico para hablar mal de ellos.

Ese mismo dinero podía haberse usado al menos para comprar algo del equipamiento que le es necesario al personal hospitalario en la línea de atención a personas con covid, ya no digamos destinarlo a la investigación médica.

Aún no se sabe si los casi 6 millones de pesos otorgados durante 2020 se renovarán para cubrir años subsecuentes. Lo que sí se sabe es que no hay nada en lo realizado que pueda llamarse investigación en ciencia o tecnología.

Dirigir esa cantidad de recursos para “estudiar” las opiniones en las redes sociales adversas al gobierno, no es investigación; se trata de monitoreo a quien piensa diferente a la Cuarta Transformación. En otras palabras, es usar el dinero público para perseguir a la oposición.

El académico, esposo de Irma Eréndira Sandoval, titular de la Secretaría de la Función Pública, anunció vía Twitter no recibir un solo centavo de ese apoyo. El CONACYT, que así cómo dice una cosa dice otra, ya se desdijo, negó la información y le dio la razón al también conductor del Canal 11. Aclaró que el apoyo se da al centro de estudios en la UNAM que dirige el académico, no a él en lo personal. ¡Faltaba más!

No estaría mal que Ackerman diera un curso (sin cobrarlo, por favor) a los verdaderos científicos e investigadores del país (quienes pasando por todos los procesos y requisitos que exige el Consejo, ven cómo sus proyectos e investigaciones no pueden continuar porque dicha institución les dice que no hay dinero) sobre las distintas formas que existen de burlar al sistema.

La austeridad republicana ha impactado negativamente en la investigación científica y en el desarrollo tecnológico del país (no son lo mismo, aunque no pocas veces se les confunde); los creadores, científicos e investigadores no son importantes para la 4T. Austeridad que no padece Ackerman o sus proyectos. Pero ese es el nivel de la transformación que tenemos, una de cuarta.

La 4T podrá decir que hoy, como nunca antes, existe investigación de nivel en México gracias al CONACYT, pero estará mintiendo. Es más, López Obrador ya anunció que se desarrolla una vacuna mexicana anticovid y que se llamará “Patria”. Complicado de creer dado que el año pasado nunca se escuchó que un grupo de científicos estuvieran trabajando en la misma y menos patrocinados por el CONACYT. Todo indica que se trata, si acaso, de una copia de procesos de desarrollo de las vacunas existentes o solo de un nombre sin ningún sustento.

Ya se nos olvida, pero se presentaron con mucha alharaca los ventiladores Ehécatl 4T y Gatsi, subvencionados por el CONACYT, aunque estos nunca funcionaron correctamente.

Mientras los científicos e investigadores observan pasmados cómo sus proyectos e investigadores son congelados, el dinero fluye a raudales para patrocinar el linchamiento político.

El abandono de jóvenes científicos (como pasó con muchos de los becarios CONACYT en el verano de 2018), el recorte a las becas, el nulo interés de invertir en investigaciones biomédicas, en nanociencia o en energías renovables, demuestran que los intereses de la 4T no incluyen el futuro de nuestra nación.

Se nota el abandono de la educación, de la ciencia, de todo aquello que huele a futuro, que implica premiar la meritocracia y a las verdaderas propuestas de bienestar y vida para la ciudadanía. Para la 4T “científica”, investigar es sinónimo de espiar y denostar a los opositores.

P.d.

La información sobre el pago, la cantidad y el título de los estudios antes mencionados, los obtuvo un ciudadano vía el INAI (Instituto Nacional de Acceso a la Información) y la información la brindó el CONACYT. El INAI es uno de los organismos constitucionalmente autónomos que la 4T quiere desaparecer.

Hoy nos damos cuenta por qué. No quieren que se vea que el Consejo se encuentra al servicio de Ackerman y de otros personajes como él.

Fotografía: @Irma_Sandoval