“Creo que podemos afirmar que las derechas hoy asumen un discurso conservador en muchos aspectos y son muy liberales en lo económico. Pero me parece que el dato sobresaliente son las diferencias. En realidad, el conservadurismo tradicional está incómodo con estas derechas alternativas. Hay varios artículos de Anne Applebaum, una periodista que escribe en The Atlantic, en donde analiza justamente cómo estamos ante una derecha alternativa que enterró el legado de Reagan y Thatcher. Ellos representaban una derecha cosmopolita, con un proyecto globalizador, de expansión de la democracia liberal, donde había cierta idea de optimismo sobre el futuro. Creo que lo que caracteriza actualmente a las derechas, o por lo menos a este nuevo tipo de derechas de las que hablo en el libro (¿La rebeldía se volvió de derecha? Siglo XXI), es que hay una idea muy negativa del futuro, muy distópica o amenazante.”

“Y, por ejemplo, veamos el personaje de Richard Spencer, un neonazi que estaba en los márgenes y pasó a ocupar un lugar en el discurso público. O Steve Bannon, quien al comienzo tuvo un despacho en la Casa Blanca. Representan discursos que de pronto asumieron visibilidad y legitimación, como las teorías conspiracionistas que antes eran folclóricas pero ahora terminaron tomando el Capitolio. De hecho, para dirigentes como George Bush, Trump fue un desastre. Y estamos hablando de alguien que no era particularmente simpático para el progresismo. Sin embargo, cuando fue lo de George Floyd, mientras Trump hablaba prácticamente de un terrorismo interno, Bush dijo que había que hacerse cargo del racismo sistémico en Estados Unidos. Ese tipo de sensibilidad no le quita nada de derechista, pero lo pone en otro lugar dentro del mismo arco.”

“Y si uno mira más en general, en la derecha alternativa pueden encontrarse una suma de elementos que la vuelven disruptiva, y en algún sentido hacen que le dispute al progresismo ese carácter rebelde, en términos de cierta capacidad para enfrentarse al statu quo. Efectivamente, tenemos el uso de Internet, esa cultura chanera como se dice hoy en referencia a 4chan y ese tipo de plataformas, que no son de derecha per se pero que la extrema derecha fue muy hábil a la hora de utilizar para generar símbolos. Y también tenemos el tema de la incorrección política, que se volvió un discurso muy extendido; la idea de que hay una nueva inquisición disfrazada de una corrección de izquierda que impide la libertad de expresión, genera toda una reacción antiprogresista que se vuelve una gran etiqueta reuniendo a sectores que a priori no estarían juntos.”

“Hoy escuchamos hablar de ‘anarco-capitalismo’ o se miran experiencias como la de Vox en España. Siempre se había dicho que allí no había lugar para otra derecha porque estaba todo contenido en el Partido Popular, pero de pronto en 2018 apareció Vox en Andalucía haciendo una buena elección y después en las nacionales ganaron 50 diputados.”

“Ojo, no quiero decir con este libro que la izquierda esté perdiendo, más bien al revés. El progresismo fue exitoso hegemónicamente y el feminismo, de hecho, hoy es un ejemplo. Sí lo que veo es que esa nueva derecha en estos tiempos es más disruptiva. Tal vez porque, entre otras cosas, la socialdemocracia pasó a formar parte del statu quo.”

“Creo que acá lo interesante es observar cómo la derecha capta mejor el temor, y da soluciones que para los ojos de la gente son más factibles. Es decir, si la migración es el problema, entonces se trata solo de ser más restrictivos. En el libro, por ejemplo, me detengo en el ‘eco-fascismo’, que tiene su genealogía. El nazismo, de hecho, tuvo muchas dimensiones ecológicas. Y hoy ese discurso aplica lo que se denomina la ‘ética del bote salvavidas’ donde la lógica solidaria no funciona. El bote con muchos se hunde, solo unos pocos se pueden salvar. Marine Le Pen, por ejemplo, habla de una civilización ecológica, y desde su perspectiva los verdaderos defensores del ambiente son los que están arraigados, algo que tiene un gran componente antisemita.”

“Mientras que la izquierda tiene cierto desprecio intelectual y ya no lee a la derecha, la derecha lee a Marx, Gramsci y a Simone de Beauvoir. Quizás vale esa frase que en Francia afirmaba durante los 80 ‘cuando la izquierda ganó el Estado, perdió la batalla de las ideas’.”

“Hoy hay un menú de incorrecciones políticas de derecha para elegir: hay libertarios decepcionados que buscan separar la libertad de la democracia y construir ciudades-Estados tecnoautoritarias (los llamados neorreaccionarios), antisemitas old style y defensores de Israel contra la ‘amenaza islámica, homófobos y homonacionalistas, negacionistas del cambio climático y ecofascistas (experiencias europeas en las que confluyen el discurso ecologista con ideas radicales de derecha), partidarios de Estado de bienestar solo para nativos y neoliberales autoritarios, y también célibes involuntarios (incels) antifeministas. Hay, además, quienes proyectan utopías antiestatales como los llamados ‘libertarios de alta mar’, que quieren construir plataformas para vivir por fuera del Estado ‘opresor’ y cuentan con el apoyo de algunos millonarios de Silicon Valley. Todos ellos se presentan como políticamente incorrectos.