Por Carlos Chavarría

No sé de ningún presidente de cualquier país que se sienta cómodo negociando con otra nación cuya economía sea 15 veces superior, más aún si son vecinos fronterizos y sus historias muestran diversas colisiones mal conducidas y peor resueltas.

El asunto de las inversiones extranjeras siempre ha sido materia de conflictos entre todas las naciones, no nada más en el tema de energía o agricultura, en todas las cadenas económicas hay problemas.

Por muchos años en el siglo pasado prevaleció un supuesto control por parte del estado para las inversiones extranjeras en el país, buscando que México importara no solamente capitales sino también tecnologías y conocimientos con la visión de hacernos cada vez menos dependientes del exterior para nuestro desarrollo.

La que bien puede llamarse “maldición del petróleo” nos convirtió en una nación casi totalmente dependiente de un solo bien, el aceite, y en realidad poco se hizo para avanzar en el desarrollo de la ciencia y tecnologías propias.

Bien poco se invirtió en investigación y desarrollo en nuestro país en comparación con el Grupo de los 8 y todavía el gobierno mexicano depende para su supervivencia de los ingresos alrededor de la energía en todas sus formas.

Nuestro sector energético y el gobierno en general, padecen una suerte de parálisis que le impide deshacerse de viejas y nefastas prácticas de negocio que están enraizadas en sus procesos y controles que tienen al país en posición muy frágil. Darle más poder a esas organizaciones del gobierno es un absurdo por más factores ideológicos que se mezclen en el análisis del asunto.

Tanto el gobierno, como los empresarios y los mismos hogares de los mexicanos hemos sido muy tibios en las inversiones en el tema energético, a pesar de que sabemos los costos que se estan pagando y los que se tendrán que asimilarse en el futuro.

Si revisamos los “otros datos” del propio gobierno, se hace más fácil de aquilatar el tamaño del problema. De acuerdo con el informe de PEMEX -2020 sobre las reservas totales de aceite y gas asociado publicado en Enero de 2020, México dispone de 19,534 millones de barriles de petróleo crudo equivalente (mmbpce), que incluye las probadas y las probables, desarrolladas y no desarrolladas, que a una tasa de extracción de 1.8 mmb diarios alcanzan para 29.7 años.

Ahora bien, las reservas desarrolladas son 4,252 mmbpce que a la misma tasa de extracción rinden para 6.47 años.  A la tasa de recuperación de pozos y nuevos hallazgos de la actualidad, se podría extender ese plazo fatal en no más de 5 años para las reservas probables, pero para su explotación y desarrollo PEMEX no tiene recursos. Así de simple, así de crítico es el asunto.

El caso de la CFE es muy similar en su criticalidad al respecto del gas natural y carbón necesarios para su generación e imposibilidad de cumplir con las metas de oferta-demanda que se vienen en el futuro

Así las cosas, tratar de concentrarse en el corto plazo de PEMEX y CFE a cambio de sacrificar por completo el futuro de mediano y largo plazo de todo México es una muy grave irresponsabilidad.

No habrá ningún “encontronazo” con los EEUU porque no tenemos con qué entrarle al pleito y además estamos bien representados en la cancillería y en la embajada en dicho país.

Lo que si se requiere es negociar una salida urgente para lograr atraer capital y tecnología suficientes para cumplir con el programa de inversiones y desarrollo de las oportunidades que los mismos ejecutivos de CFE han planteado.

PEMEX es otra historia. Con la ayuda de CFE se podrían alargar por algunas generaciones mas los recursos que pudiesen descubrirse hacia delante.