Por Eloy Garza González

Con pandemia o sin pandemia, son los órganos electorales quienes regulan las campañas políticas. Por supuesto, en esta emergencia sanitaria, las autoridades de Salud van de la mano con las autoridades electorales. Pero una dependencia estatal no puede montarse sobre un órgano constitucional autónomo.

En Nuevo León se está montando la Secretaría de Salud del Bronco sobre la Comisión Estatal Electoral. Es decir, Manuel de la O pretende arrogarse también el derecho de ser árbitro de las campañas. ¿Cómo? Aprobando o rechazando cada evento, reunión o actividad de los candidatos. Eso pone al proceso comicial al filo del precipicio; en un grave predicamento. Y presiona para que los candidatos y sus comités de campaña bailen al son que les ordena Manuel De la O.

Y peor: De la O presentó sus protocolos sanitarios a escasas horas de que arrancaran los procesos electorales. Leo en estos lineamientos excesos absurdos como prohibir que se realicen eventos de campaña en bares. ¿En restaurantes sí y en bares no? ¿Tiene claro De la O que la mayoría de los bares operan con licencia de restaurantes?

Luego está la prohibición de que una banda de música o un animador sea contratado para un evento electoral. ¿Por qué la Secretaría de Salud sí permite que una banda de rock toque en un centro comercial (ya es lo usual por estos días) y no pueda hacer lo mismo en un evento pequeño de campaña?

La defensa que hace De la O a su protocolo de salud es absurda: dice que dependerá de los resultados que vaya arrojando consecutivamente el semáforo estatal. ¿Que vaya arrojando para conveniencia de quién? Es evidente que los resultados más catastróficos pasaron a atenuarse en las últimas semanas y sin embargo los lineamientos contra las campañas políticas son los mismos que en los peores días de la pandemia. También son los mismos lineamientos para otro ámbito aún más importante que las campañas políticas, y que está siendo medido con la misma vara por el gobierno del Bronco: el regreso a las aulas escolares.

No exijo que la Secretaría de Salud estatal deje de desempeñar su trabajo; simplemente que se coordine con el órgano estatal electoral para que no provoque (sin querer queriendo) un sesgo perverso en las tendencias de voto. No dejemos que la democracia en Nuevo León sea otra víctima más del funesto Covid, o de las autoridades públicas que dicen combatir la presente pandemia cuando en realidad intentan llevar agua a su molino.