Por Joaquín Hurtado

A ver, dilecta concurrencia, algo no me cuadra en sus denodados desvelos, esfuerzos y triquismiquis para encubrir un acto de CENSURA a la libertad de expresión por parte de una candidata a la gubernatura. No me cuadran sus argumentos basados en supuesta violencia por razones de género.

La caricatura que hizo el comediante Marco Polo de la conspicua señora metida a la grilla no devalúa en nada las competencias que efectivamente debe tener doña Clara Luz. La sátira es precisamente eso, exagerar al máximo los detalles negativos, criticables, denostables y burlescos que seguramente también los tiene, de la susodicha candidata.

No me salgan, querides amigues, con que atacándola en clave de sorna, de cotorreo, de malicioso choteo se hace escarnio y se afecta a todo el sector femenino. No sean exageraditos. Sospecho que el sarcasmo político dio en el blanco y cumplió con creces su objetivo. La pobre defensa sobre su personaje público debe ir en otra vía, mejor saquen a la Luz las posibles ventajas, beneficios, cambios sustanciales de la cosa pública, que tendríamos como votantes al cruzar nuestra papeleta a favor de alguien que, además de ser mujer, madre, esposa, nieta, sobrina, amante, amiga y comadre, en realidad nos ofrece desde su candidatura en esta enfebrecida carrera por obtener el favor de la ciudadanía.

Violencia política de género, ¡ajá!, ¿y su nieve de limón? ¡Qué chambona defensa! Ella solita se metió al pozo de las pirañas donde abundan los cocodrilos y las tepocatas, nadie la obligó a nadar con las alimañas del bajo mundo de la polaka. Endeble y triste papel el que sus extraviados operadores usan para realizar el control de daños. A la susodicha se le pasó la mano con el comediante denunciado, mandado callar, humillado. A otro perro feministo con ese hueso más que sobado.

Muy posiblemente yo votaré por esa candidata, precisamente por eso, por ver hecho añicos un techo de cristal que los usos y costumbres políticos impusieron infundadamente sobre las féminas metidas a la lucha partidista, que, dicho sea de paso, han sido mis más grandes mentoras, nomás por eso, por experimentar desde la mirada femenina un posible cambio de rumbo. Pero mi voto cambiará de destino si ella sigue con sus denuncias locas y si sus asesores siguen defendiendo lo indefendible, es decir, si continúa el acto de censurar desde las alturas del Poder las opiniones, dichos, chistes, pantomimas del respetable hacia sus protagonistas políticos. Es nuestro derecho y yo no pienso concesionarlo a ningún picudo/picuda que llegue al trono. ¡Gracias!