Por Eloy Garza González.

Yo no tengo nada personal contra Luis Donaldo Colosio. Me cae mal, pero uno no puede hacer periodismo con impresiones subjetivas (aunque decía Oriana Fallaci que sin impresiones subjetivas no hay periodismo válido).

Hace muchos años, cuando yo era joven, me gané el primer lugar de un concurso nacional de ensayo político. El organizador del certamen era nada menos que Luis Donaldo Colosio padre y me hice acreedor a una buena lana (que me gasté completita en una peña con mis amigos). Escribí el texto a mano, me salió un centenar de cuartillas y mi amiga Elisa Estrada, estupenda abogada y politóloga, las pasó a máquina en tiempo récord, en la raya de la fecha límite de entrega.

Leyendo El Universal me encontré con una nota que anunciaba mi nombre como ganador. Fue extraño porque en mi ensayo criticaba duramente al PRI, proponía un sistema parlamentario en vez del presidencialista y defendía a Cuauhtémoc Cárdenas. Pero Luis Donaldo padre me recibió en sus oficinas, luego me invitó a comer un bife de chorizo en un restaurante de San Ángel (sobre Ave. Revolución) y hablamos no de política sino del filósofo Ludwig Wittgenstein. Publicó mi libro con un tiraje de mil ejemplares. Creo que nada más lo leyó completo Muñoz Ledo. Y Elisa.

Colosio también me ofreció trabajo. Nunca me lo dio. Lo que sí hizo fue recomendarme con otro de los organizadores de ese concurso: el político-intelectual Agustín Basave Benítez. Por un tiempo nos hicimos muy amigos, yo leí las pruebas de galera de su libro “México Mestizo” y en El Universal publiqué un ensayo a fondo sobre esa obra que bien merece ser re-editada porque es un clásico secreto. Luego escribimos juntos Agustín y yo un librito sobre Fray Servando Teresa de Mier que se vendió muy bien.

Pero vuelvo a Luis Donaldo júnior. Lo critiqué en varios artículos y me respondió difamándome con un par de videos bobos y dizque anónimos. Le metió mucha lana a esa difamación, pero yo no me molesté. Más bien me encabroné por el nulo espíritu crítico que demuestra este cuate. A mí no me paga nadie por escribir mis cosas porque lo hago por amor al arte. Así de simple.

¿Qué veo de malo en su personalidad? Primero, que sea tan megalómano. Hasta donde sé, su papá no era así. Los regiomontanos tenemos broncas económicas y sociales muy fuertes a causa de la pandemia, pero Luis Donaldo quiere convencernos de que el mayor problema de todos nosotros es el pasado con su papá. Y suelta discursos raros diciendo que le han exigido hasta que se quite el apellido Colosio. ¿Y quién carajos le ha pedido que se quite el dichoso apellido?

Luego, Luis Donaldo saca unos anuncios publicitarios patrocinados por Salinas de Gortari donde se autonombra en grande “Presidente” y ya en letras más chiquitas y medio borrosas le añade: “municipal”. Las cosas están tan enmarañadas, tan deprimentes, como para que venga un chavo a usar las posiciones políticas como simple trampolín a un puesto mayor como lo es la presidencia de la República. Ya después veremos el 2024… si seguimos vivos. Por lo pronto, yo aspiro modestamente a que un funcionario público sin megalomanía proponga cosas concretas para mejorar la capital de Nuevo León y me diga cómo las resolverá, una tras otra. ¿De plano es mucho pedir?