Por Carlos Chavarría.

“Rechazo la visión cínica de que

 la política es un asunto sucio.”

Richard Nixon.

Siempre ladino, siempre oportuno para sus intereses y no los de México, el diputado Muñoz Ledo así se refirió a la 4T, como “el peligro de una restauración autoritaria”. Lo dice alguien que se sintió muy a gusto con el autoritarismo destructivo de Luis Echeverría hasta que ya no tuvo cabida y entonces junto con Cárdenas fundaron la Corriente Democrática y desde ahí fueron la raíz donde engendraron a MORENA.

Nada tiene de cándido el diputado Muñoz Ledo. Desde sus campañas López Obrador siempre mostró sus inclinaciones y propósitos, de hecho, en su plan de gobierno 2018-2024 con gran detalle ofreció regresar a la república el perfil de los 70´s del siglo pasado que no era sino el más decantado autoritarismo seudo paternalista emblemático del viejo PRI y estandarte de los políticos a quiénes públicamente reconoció como sus modelos a seguir.

Lo que ha hecho estos tres años no es sino regresar el país al pasado del glorioso estatismo presidencialista que lo controlaba todo. Sus más recientes diatribas contra el INE, el Poder Judicial, la modernización energética, y en general el sector privado, no es más que la confirmación de hacia dónde quiere llegar.

No, no se quiere reelegir, pero sí quiere un “maximato callista” en modo Tabasco, o sea el de él. Ya le cortó la mano izquierda a la “izquierda” y aquellos nobles individuos como Pablo Gómez y otros excelsos “progres” promotores de los cambios que se han hecho para restarle poder al presidente, hoy están calladitos, calladitos, bien cooptados por las mercedes presidenciales.

Nada tiene de ingenuo el diputado Muñoz Ledo. Como todo viejo político, se queja en época electoral sabedor de que es ahora o nunca cuando puede esperar que el presidente le eche una liana nueva de que colgarse, como también volver a recibir el los favores y el afecto mágico desde el poder que emana de la gran silla.

Gane o pierda AMLO el control del congreso, que en la numérica ya tiene, el presidente mantendrá el poder de la chequera que compra conciencias y bancadas enteras si lo desea, porque ya sabe que los diputadetes de ahora son los mismos levantadedos de antes que bien sabían cómo moverse en el juego del poder, que es el mismo maniobreo de ahora revitalizado y recargado desde la máxima magistratura del país.

Con una extensión de 2 años en la chamba del ministro presidente ya compró no sólo a la Suprema Corte, sino al Poder Judicial entero, y lo sabe, por eso se atreve a poner a todo el sistema de impartición de justicia en el mismo nivel de podredumbre que tuvo en el periodo objeto de su obsesión, el del poder total del presidente y nada más.