Por Carlos Chavarría.

“Cuba necesita una dosis de perestroika”. Carlos Fuentes.

El tiempo no perdona y llegó el momento de que se retirase el menor de los Castro; al menos en la forma; siempre segundo al mando de la dictadura cubana. Vamos a ver si en la práctica ahora sí se apreciarían cambios importantes en la rigidez del modelo económico que gobierna la isla y con ello se reducen las tensiones que desde su llegada al poder han azotado América Latina y debilitado su desarrollo.

La edición de Granma de 18 [G_2021041809.pdf] de los corrientes da cuenta del estancamiento ideológico y económico del modelo estalinista cubano y de la pobreza de estrategias para salirle adelante a los problemas del pueblo cubano, originados en la apropiación del rendimiento económico de Cuba por parte de las burocracias anquilosadas y diletantes que dominan la isla desde hace 60 años.

Leer el Granma es una experiencia surrealista. Cuba está detenida en el tiempo, en 1960, en Sierra Maestra, en los Castro. Son las mismas arengas, los mismos propósitos, los mismos discursos desde hace 60 años, y los mismos resultados, la misma pobreza. Haber limitado el materialismo histórico al obcecado discurso de la Guerra Fría les ha impedido superar las carencias que antes achacaban al imperialismo y hoy sólo se explican por el burocratismo estatista donde el líder lo manda y simula todo, hasta la democracia sui generis sobre un sólo pensamiento, el del líder del comité central.

Suenan ridículos los llamados de Raúl Castro en su discurso de despedida como primer secretario del partido comunista cubano para “…desterrar la improvisación, así como potenciar la productividad y la eficiencia de las empresas estatales que representan el 85% de la economía…”.

Aun reconociendo como lo hizo su comité de economía del partido, que “…la estructura productiva no logra satisfacer los niveles de demanda de la población…”, no aciertan a comprender que ni el hambre ni las bayonetas son incentivo alguno para trabajar con eficiencia.

A regañadientes fueron otorgando pequeños “privilegios” a los pequeños productores para que pudieran comerciar con los excedentes de su trabajo personal y/o familiar y cuando esas personas empezaron a disfrutar de tal experiencia, de inmediato la cercenaron porque “pone en riesgo el desarrollo socialista” y esa tesis aún marca la política económica cubana.

A través de Radio Habana llegaban a casa, en mi infancia, los discursos de Castro y en realidad despertó la admiración y esperanza para toda América Latina, hoy pasados 60 años no es más que otro ejemplo del atorón intelectual latinoamericano del que no acabamos de salir en el continente, que ni siquiera ha permitido concluir las supuestas revoluciones en las que se perdió tanta sangre valiosa.

El violento colonialismo español y su abyecta política de tutelaje total y absoluto, nos convirtió en mansos y sumisos servidores de los “señoríos” impuestos y hasta la fecha, aun los que se auto erigen en emancipadores y ejemplo, en virtud de la circunstancia y dinámica histórica, de inmediato al llegar a su fracción del poder, con asombrosa rapidez aprietan más el yugo del sometimiento para perpetuar el mismo estado de cosas.

Vamos a ver si Miguel Diaz Canel, ahora en su carácter de primer secretario del PCC y representante de una generación que nació, se educó y alimento bajo el socialismo castrista, logra romper con la maldición intelectual de los líderes latinoamericanos y sacar a su isla adelante y mejor, para mostrar que si existe salida a nuestro infantilismo político.