Por Eloy Garza González.

Nate Silver se hizo muy famoso con un libro titulado “La señal y el ruido” (2012). En su best seller Silver explica cómo navegar por la maraña de datos que nos inunda, cómo localizar los que son relevantes y cómo utilizarlo para elaborar predicciones infalibles.

Las tendencias que mide Nate Silver no son encuestas: son un concentrado de las mejores encuestas. Con este método Silver pudo pronosticar los resultados del beisbol y el rendimiento de los beisbolistas de las grandes ligas. Luego lo usó para campañas electorales y en el 2008 pronosticó quién ganaría en 49 de los 50 estados de la elección presidencial norteamericana.

Entonces no vale creer a pie juntillas a una sola encuesta, así sea la de El Norte (que ya dejan mucho qué desear); usemos mejor el método de Nate Silver: creámosle al concentrado de encuestas. Un método que no se utiliza bien a bien en Nuevo León.

Ahora se dice que 90% de las encuestas en nuestro estado son patito, o sea, de mentiras. Pero esto es una anomalía que pasa también en Estados Unidos. Y voy más allá: en la primera potencia del mundo no sólo hay encuestas patito como en Nuevo León sino también intérpretes patitos de los concentrados de encuestas.

Uno de los capítulos del libro de Nate Silver se titula: “¿Es usted más listo que los expertos de la tele?” Recuerdo la anécdota de un programa de televisión célebre llamado “The McLaughlin Group” que a mí me gustaba mucho ver por cable: una mesa de debate con expertos que hablaban de campaña electorales. Al analizar las encuestas de la campaña de Barack Obama contra John McCain (yo era fan del viejo Joe) y ante un concentrado que daba 30 puntos de ventaja a Obama sobre McCain, los expertos dijeron paradójicamente que no había ganador claro y que “los indecisos decidirían finalmente esa elección”.

Otro experto dijo que el resultado “era demasiado ajustado como para responderlo”. Otro más llegó a decir (el colmo de los colmos) que el racismo soterrado del votante común norteamericano, le hacía decir públicamente que votaría por Obama pero a la mera hora, en el fondo de su corazoncito, lo haría por el blanco McCaine.

Un día después del triunfo arrollador de Obama volvieron a invitar a estos expertos y ninguno de ellos se tomó la molestia de dar alguna explicación sobre lo desacertado de sus predicciones. Pasaron de puntitas sobre este tema y jamás aceptaron que metieron la pata garrafalmente, adrede o no.

Al término de esta elección de Nuevo León tendremos que pedir cuentas a los expertos políticos, o sea, a los intérpretes de encuestas que suelen aparecer muy orondos en televisión y evaluaremos su desempeño en las elecciones, a ver quién tuvo razón y quién se equivocó. Los opinólogos profesionales deberán ser citadas a cuentas al término de los comicios.

Coda: Paridad de género en el PAN de Nuevo León

Las reglas no son para salir del paso. Ni para cumplirlas mínimamente por pura formalidad. Si así se procede es porque en el fondo no se cree que sea necesaria la paridad de género. En vez de poner a sus familiares en las candidaturas a cargos de elección popular, Mauro Guerra, el dirigente estatal del PAN, debió asimilar la paridad de género.

No es un problema de mover fichas; es un problema de asumir compromisos sociales. Si no, las posiciones políticas se vuelven pactos de mafiosos, en este caso entre Zeferino Salgado, Raúl Gracia y Víctor Pérez.

Mal se ven los tres cupuleros panistas tumbando al pobre candidato de un pueblo rural con muchas carencias, para beneficiar a los candidatos urbanos, donde sin duda hay más votos, pero no menos problemas que al interior de Nuevo León. ¿Y Fernando Larrazábal? Callado, fingiendo como que la Virgen le habla; sometido a lo que la cúpula panista le dicte. Lástima de candidato que empezó mal y termino peor.