Por Félix Cortés Camarillo.

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Existe un proyecto de quince eventos magnos del Estado mexicano para el año que ya pronto entrará en su segunda mitad, con un sustento -pretexto- histórico bastante cuestionable. Se trata de conmemorar supuestamente el quinto centenario de la caída de Tenochtitlan y los doscientos años de la consumación de la guerra de independencia. Esto último debiera ser el acto emblemático central, a celebrarse el 21 de septiembre. Unos días antes, el 15, tendrá lugar un desfile militar de lujo, en el que participarán representantes de las fuerzas armadas de varios países.

Se ha discutido en los últimos meses el conocido decir que a México lo conquistaron los indios y lo independizaron los españoles. De no haber sido por el apoyo efectivo que a Hernán Cortés dieron las tribus sojuzgadas por los aztecas que exigían pago de tributo, los españoles nunca hubieran vencido a los habitantes del altiplano espectacular del imperio azteca.

El movimiento independentista fue inspirado y forjado por los españoles criollos, y su lema de combate era “viva Fernando VII”, que en la lejana Madre Patria andaba a mal traer a causa de Pepe Botella, el hermano incómodo de Napoleón Bonaparte, quien lo había hecho abdicar. Hasta 1820 la aristocracia criolla, ilustrada e insurgente, siguió apoyando al depuesto monarca y la entrada de Agustín de Iturbide, próximo emperador de México, y Vicente Guerrero con el Ejército Trigarante no tenían ni pizca de un movimiento indígena mexicano en pro de la independencia.

Pero eso es historia y la historia suele ser una colección de pretextos para festejos patrióticos de cuando en vez. Como las quince fiestas que ya se tienen planeadas y ya se han girado las invitaciones por doquier.

Menos al reino de España.

La política exterior mexicana actual, rencorosa y zafia, está fundada en un comprensible y acertado complejo de inferioridad del presidente López. La absurda carta enviada por igual al papado que al rey Felipe II exigiendo que España y el Vaticano le pidan perdón a los mexicanos de hace cinco siglos por los desmanes e imposiciones que los soldados españoles y los curas católicos nos habían infringido.

A más de provocar hilaridad en uno y otro sitio, las sendas cartas son preocupantes. Hernán Cortés fue la inspiración y la realidad del mestizaje, que es lo que nos hace mexicanos, nos traje una lengua y una religión. Somos parte de esa historia y los españoles y los católicos son parte de nuestro tronco común.

No tiene importancia la ausencia oficial de representantes del reino en las fiestas de Andrés Manuel. Los vínculos entre los auténticos pueblos mexicano-mestizo y español-cañí no están sujeto a la temporalidad de los políticos complejos de inferioridad.

Todo pasa. Pero todo queda.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿a quién le va a encargar que “se chingue” al INE? Porque Félix Salgado Macedonio ya se apuntó.