Por Carlos Chavarría.

“La inflación es el complemento fiscal del estatismo.”

Ludwig Von Mises.

Pablo Iglesias Turrión ha renunciado a todos sus cargos en el gobierno español y a la política institucional. Iglesias era, hasta el 5 de mayo de los corrientes, vicepresidente en la administración del socialista Sánchez.

Iglesias, abogado de profesión y doctor en ciencia política, salta de la televisión a la política española en 2014 como fundador del partido “Podemos” que presumía de haber aglutinado a toda la izquierda “progre” para vencer a los “ultras” de la derecha y se anotaba como triunfo personal el haber roto el bipartidismo (PSOE y Partido Popular) para la integración de gobiernos bajo el sistema parlamentario español.

Pablo Iglesias dejo su puesto en la vicepresidencia con la intención de ser presidente de la Comunidad de Madrid, buscando ser el atractor de votos que revitalizaría a la coalición Unidas Podemos ante las elecciones del 4 de mayo de los corrientes, pero no ocurrió así, la izquierda perdió.

La oferta electoral diseñada por Iglesias para la coalición, era netamente “transferista”.

Los programas más importantes se dirigían a elevar los impuestos a las clases medias y superior. Aumentar el impuesto existente a las herencias. Obligar a los propietarios (personas físicas y morales, bancos y sociedades financieras de todo tipo, etc.) de más de 10 viviendas no ocupadas a entregarlas para “alquiler social” forzado, cuyo arredramiento no sería superior al 15% del salario promedio de la zona en que se encuentren. Subsidiar el transporte público para desempleados con un 75% mediante un bono. Entregar a cada español sin empleo 50 Euros al mes para alimentos, y así más regalos por el estilo.

Con todo ese paquete de ofertas, Iglesias esperaba que los españoles se volcaran para aumentar sensiblemente el número de escaños de su coalición y así poder ellos mandar en la formación del gobierno. Pero no ocurrió así.

La “derecha” representada por el PP se vio vapuleada con el surgimiento de la crisis de las “hipotecas sub-prime” de 2008, que sumió en la crisis aquellos países con un abultado déficit fiscal alimentado básicamente por el gasto social sin sustento, entre esos países se encuentran España, Portugal, Grecia, Italia y otros.

Los gobiernos de la izquierda española han usado el déficit fiscal y la deuda como medida para tratar de reducir la desigualdad en el ingreso a través de programas sociales de todo tipo y  han estado retrasando los ajustes estructurales de su gasto social cuando la realidad es que el tiempo se les acabo, porque la Unión Europea ya no está dispuesta a extender más financiamiento para el gobierno de España.

Las izquierdas transferistas deben re-aprender del caso  español la vieja lección económica de que no se puede repartir la riqueza que no se ha creado, como vía para su consolidación en el poder, pues más temprano que tarde, las deudas y/o la inflación provocaran una mayor caída en el bienestar de aquellos a los que precisamente pretendían beneficiar con sus gastos sociales.

Todos los gobiernos que buscan el estado de bienestar como lo interpretan los de la izquierda deben incorporar en sus políticas públicas aquellas que promuevan el crecimiento económico y en consecuencia el empleo bien remunerado, y evitar disponer de capital en proyectos de muy baja o nula rentabilidad social y privada.