Por Javier Treviño.

El Presidente se acerca al inicio de la segunda mitad de su mandato. En México no hay reelección. El desempeño de su primera mitad será evaluado por el voto de los ciudadanos este 6 de junio.

Además de elegir a 500 diputados, 15 gobernadores, 30 Congresos estatales y 1,920 presidentes municipales, las elecciones de medio sexenio siempre son un plebiscito en el que los electores expresan su satisfacción con los resultados de gobierno del Presidente en turno. Pronto lo veremos.

El mensaje de los ciudadanos será contundente: es el momento de que el Presidente evalúe a su equipo de trabajo y haga los cambios que sean necesarios. El gabinete es el instrumento esencial de un Presidente para traducir su visión en metas y políticas concretas.

Aquí están algunas ideas para pensar en la integración de un equipo de gobierno eficaz para concluir el período de la 4T:

1. Ningún Presidente puede delegar su más alta responsabilidad. Pero, para que funcione un gobierno tan grande y complejo como el nuestro, debe delegar cierta autoridad.

2. La eficiencia, coherencia y eficacia con que funcione el poder ejecutivo dependerá de la prudencia con que el Presidente integre su equipo para el “segundo tiempo”. Y no habrá tiempos extras ni penales.

3. No debe haber otro criterio para la selección de colaboradores de alto nivel que la honestidad, la excelencia y la competencia, demostradas por una experiencia previa exitosa en campos relacionados con su área de responsabilidad.

4. El Presidente debe mostrar su voluntad de nombrar colaboradores excepcionalmente capaces. Que no tenga preocupación, porque nadie lo va a eclipsar. Pero no puede gobernar solo, necesita apoyo.

5. El Presidente es quien decide cómo hacer el mejor uso de su gabinete. Pero ahí también se requieren equilibrios. Un Presidente que invierte tres horas diarias en una conferencia de prensa no puede malgastar el tiempo en minucias. Los miembros del gabinete deben ser responsables de administrar sus respectivas secretarías. Para eso necesitan que el Presidente les delegue la autoridad necesaria y que sepan que cuentan con todo el respaldo presidencial para tomar decisiones.

6. En los casos de temas que tienen impacto en varias dependencias, el Presidente debería obligar a cada funcionario del gabinete a presentar sus recomendaciones de política frente a él, junto con los otros funcionarios del gabinete que tienen un interés legítimo en el asunto. Todos deben estar abiertos a ser cuestionados.

7. Pero, de nuevo, se requiere un equilibrio. Cada miembro de alto nivel del equipo debe tener acceso privado periódico al Presidente. Es un tema de mantener la moral, el prestigio y la eficacia en un alto nivel. Los equipos en el gobierno quieren saber que su jefe tiene acceso al Presidente.

8. Tomar decisiones en las “mañaneras” siempre es riesgoso. Aunque pareciera evidente y trivial decirlo, cuando se toman decisiones presidenciales, los miembros del gabinete deben conocer y comprender bien esas decisiones.

9. La comunicación interna en una organización es vital. A veces los funcionarios regresan a sus oficinas y cada uno tiene una explicación radicalmente diferente, o peor aún, opuesta a lo que en realidad fue la decisión y la instrucción presidencial.

10. Quienes integren el equipo del Presidente para la segunda parte de su mandato deben ser personalidades bien formadas, experimentadas, sólidas, modernas, seguras de sí mismos, con mentes y puntos de vista independientes.

11. Pero, al mismo tiempo, para que se logre la eficacia, el gobierno debe hablar con una sola voz coherente y resonante. Como en todo, se requieren equilibrios y disciplina. La tarea de gobernar es un arte, no es una ciencia.

12. Cada miembro del gabinete debe tener la libertad necesaria para dirigir su secretaría de manera efectiva y para exhibir la independencia de espíritu y juicio que es de gran valor para el Presidente.

13. Pero, al mismo tiempo, el gabinete debe mostrar unidad y cohesión. Es un equipo. El Presidente es el árbitro, sí, pero es quien define los objetivos y prioridades. Ninguno de los integrantes del equipo tiene más autoridad que el Presidente. Los miembros del gabinete tienen independencia, pero a la vez deben ser disciplinados.

14. Las decisiones no se pueden discutir y debatir eternamente, ni posponer irresponsablemente. Las políticas públicas no pueden ser, mucho menos, producto de las agendas escondidas de activistas. Se tienen que diseñar y ejecutar con responsabilidad.

15. Los miembros del equipo del Presidente no pueden negarse a aceptar las decisiones presidenciales. No son libres ni para socavar ni para revertir las decisiones que no les agraden. Deben tener cuidado con sus estrategias mediáticas individualistas o con sus relaciones políticas subterráneas con actores del Congreso o de los partidos.

16. Quienes tienen que exponer, defender y cabildear las decisiones y programas del Presidente son los mismos miembros del gabinete. Para eso están ahí, para hacerlo con honor, convicción y disciplina. Deben presentar y defender las políticas gubernamentales ante la gente, ante los medios y ante el Congreso.

17. La colaboración es esencial. Un equipo es exitoso si todos sus integrantes colaboran. La peor destrucción de valor público ocurre cuando un gobierno permite que la organización trabaje en silos desconectados.

18. Aun cuando los miembros del equipo presidencial puedan designar a sus colaboradores, el Presidente deberá asegurarse de que todos los elegidos para los puestos de subsecretarios estén esencialmente de acuerdo con las metas y filosofías básicas del Presidente. No hay nada peor que las luchas intestinas entre los equipos de los diferentes miembros del gabinete.

19. De nuevo, los criterios de selección de los colaboradores son honestidad, sí, pero talento, competencia y experiencia también; todas estas cualidades en el mismo nivel.

20. Ahora que el Presidente asigna muchas de las tareas de gobierno al Ejército y a la Marina, debe recordar un antiguo dicho castrense que se aplica también a los equipos civiles de gobierno: “Un Presidente que descuida a sus tropas, especialmente a las que lo han seguido y apoyado en la adversidad, pronto enfrentará la adversidad solo”.

Parecería simplista, pero la pregunta que el Presidente podría hacer a quienes vaya a contratar para integrarse a su equipo del “segundo tiempo” es: ¿Cómo aprendes?

En la nueva economía del conocimiento, en la cuarta revolución industrial y en la era de la post-pandemia, el aprendizaje permanente de los integrantes del gabinete del Presidente es imperativo para el bienestar de los mexicanos.

Los políticos y administradores públicos que deberían ser considerados son los que puedan actualizar y mejorar sus habilidades constantemente. Ellos serán los funcionarios de alto rendimiento, especialmente en un entorno de grandes presiones.

Cuando le preguntamos a un individuo “¿cómo aprendes?” podremos saber si tiene una mentalidad de crecimiento. México y el mundo han cambiado considerablemente durante el último año. Las habilidades que nuestro país necesita en los altos puestos del gobierno para funcionar y prosperar han cambiado también.

Marc Zao-Sanders, director ejecutivo y cofundador de filter.com, una empresa que combina la consultoría con la tecnología para mejorar las capacidades, dice, en un artículo reciente en Harvard Business Review, que:

“No se trata de preferencias de aprendizaje simplistas (como horarios y modalidades) o estilos de aprendizaje ampliamente desacreditados (como ser un alumno visual o auditivo). Se trata del sistema de una persona para actualizar, mejorar y compartir sus conocimientos y habilidades”.

El aprendizaje permanente se considera ahora rotundamente como un imperativo económico, político y la única ventaja competitiva sostenible.

México y el mundo han cambiado. No se trata solamente de que el Presidente trabaje dos o tres turnos. Las habilidades que necesitamos para funcionar y prosperar son diferentes. Necesitamos un enfoque más inteligente y transparente para saber cuáles son esas habilidades que necesitamos en el gobierno y buscarlas de manera proactiva, persistente y metódica.