Por Félix Cortés Camarillo.

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C´est la lutte finale

Groupons-nous et demain

L´Interntionale

Sera le genre humain.

Eugène Pottier, La Internacional, 1871

En 1848, por encargo del internacional partido comunista, Karl Marx publicó un documento cuya autoría erróneamente se le atribuye al alimón con Federico Engels. Es el Manifiesto del Partido Comunista. Manifest der Kommunistischen Partei.

Su primera frase reza: un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo.

No obstante, el cuerpo ideológico del pensamiento marxista que aquí se asienta, es que la historia del mundo conocido es la historia de la lucha de las dos clases sociales determinantes: burguesía -esto es, los propietarios de los medios de producción- y proletariado, esto es, los que no tienen más patrimonio que su fuerza de trabajo y que la entregan a los antes citados. Así de fácil.

173 años después de la publicación en Londres de este fundamental documento, en México el presidente López le da respiración de boca a boca a la lucha de clases. Tratemos de ubicarlo.

Hace siglo y medio, en el auge de la revolución industrial, cuando la fuerza del vapor movió locomotoras y desarrolló líneas de producción, y propiedad acumulada de fábricas y talleres, efectivamente sólo había dos clases sociales: ricos y pobres, burgueses y proletarios, capitalistas y obreros. El planteamiento de Marx fue tan correcto que generó una corriente de pensamiento y una explosión revolucionaria que Marx predijo se daría en Alemania, por su desarrollo industrial, pero que finalmente vino a reventar en 1917 en la Rusia zarista, primitiva, agrícola y desorganizada con la revolución bolchevique.

Pero eso es otro asunto, del cual el presidente López no tiene ni idea.

De lo que el presidente López tiene mucha idea es de inventar adversarios a destruir. Hoy nos toca a la clase media.

Cuando Marx escribió su manifiesto, él no tenía prevista la evolución de los eventos bélicos, la tecnología, los organismos de producción, y en consecuencia del cuerpo social.

Luego del Manifiesto de Marx, por si se nos olvida, hubo dos guerras mundiales, una evolución tecnológica inimaginable que nos trajo desde las líneas de producción de la Ford en 1920 hasta los teléfonos celulares y lo que sigue mañana, una explosión demográfica encabezada por Asia, y el surgimiento de lo que hoy llamamos clase media, porque no cabe en la cúpula estrecha de los poderosos, que no lo son tanto, o en la amplia y generosa base de los desposeídos dóciles y resignados, que tampoco.

La clase media se ha instituido como la estación de paso entre los que nacimos jodidos y queremos ser privilegiados. Ese principio, en sí, es motor de progreso y lo ha sido en los Estados Unidos después de cada crisis, en Europa, después de cada guerra perdida y en Asia después de cada magnífica derrota. Alemania, Japón, Singapur, Corea del Sur.

En nuestro país, la clase media, a partir del alemanismo y su impulso a la economía del siglo pasado, la clase media alzó lo que México es hoy, y que López Obrador se empeña a negar: México nació con el resultado electoral de 2018, según él.

En tal virtud, el presidente López, y a propósito de las elecciones de junio 6 pasado, le declara la guerra a la clase media. Una clase aspiracional, ilusionada, que busca un mejor futuro para sí y sus descendientes. Que busca una mejor educación, bienes materiales y, finalmente ser feliz.

Por lo que a mí toca, le tomo la palabra y enfrento la guerra. Yo soy clase media; quiero ser clase alta, y si no lo logro porque ya estoy muy mayor, quiero quedarme como estoy, clase media.

Lo único a lo que no aspiro es a ser clase mediocre.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): Con todo respeto, señor Presidente, ¿cuándo sabremos quiénes son los culpables de la tragedia de Morena/Línea 2? Acuérdese de que ya no son iguales: son peores.