Por Carlos Chavarría.

“La política es el arte de buscar problemas hasta encontrarlos,

hacer el diagnóstico equivocado y aplicar las soluciones erróneas.”

Groucho Marx

El misticismo es un recurso barato en boca de cualquiera cuando busca reivindicarse ante sus semejantes, más en el discurso de un político que no acierta con sus propuestas y sus actos a resolver los problemas.

Recurrir al Supremo y Cristo, es fácil, no cobran regalías por el uso de sus nombres y cualidades, y si así fuera no habría forma de pagarlas.

Si los cristianos, musulmanes, budistas, taoístas, judíos, etc., cumplieran y se comportaran de acuerdo a sus cánones y principios, y si los seres humanos en general guiaran sus actos por el más estricto apego a la ética, ¡claro que seríamos mejores! De hecho, quizás ningún gobierno e iglesia serían necesarios.

Es de lo más abyecto el recurrir a cualquier misticismo como justificante de la incapacidad del estado para resolver los conflictos frente a las tensiones sociales, porque el misticismo en la política siempre ha desembocado en violencia.

“Van el domingo a misa, comulgan y con eso borrón y cuenta nueva”, así se refirió el presidente sobre la clase media “hipócrita”, que en el enojo lo llevó al poder en 2018 y en la decepción votó contra MORENA en 2021. “Aún con estudios, maestrías y doctorados, a esos es mejor decirles ahí síganle”, y van a seguir sin duda.

Es innegable que existe una ética laica, aquella que permite a no creyentes dar su vida por amor al prójimo, por el bienestar colectivo y personal de su semejante, a lanzarse al fuego o al agua para salvar otro ser humano o a morir por las torturas en las cárceles para no traicionar al prójimo.

Es lo que Umberto Eco llama ética natural o impulso interior del ser humano que lo lleva a defender a su semejante, la cual en esencia no es distinta, de la ética religiosa.

Lo que no quiere entender el presidente es que la confluencia de esas dos perspectivas de la ética a través del diálogo es importante para la convivencia en paz de los seres humanos, pero esa confluencia es insuficiente e incluso inútil si no coinciden en la necesidad de impulsar proyectos de sociedad inclusivos, de respeto a los valores universales de la libertad política, social, económica, de creencias y de opción de vida. Sin imponer un único valor.

La clase media es odiosa para todos los gobernantes populistas; esos sí hipócritas; porque no se humillan por las migajas dadivosas que el líder todopoderoso otorga como si fuera una merced real.

La clase media es odiosa porque no se deja convencer con facilidad de los absurdos planteados desde los gobiernos totalitarios que piensan y creen que quitarle a unos para darle a otros es la solución de fondo.