Por José Jaime Ruiz

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No es cortina de humo para desviar la atención de la familia del presidente Andrés López Obrador y sus posibles corruptelas. Más claro ni el agua: es la primera embestida después de las elecciones de la 4T en contra, principalmente, de la iniciativa privada regia que está en su contra. Andrés Manuel tiene empresarios afines, el más influyente, Carlos Slim; otros no.

Ildefonso Guajardo es, en política, el conspicuo y más fiel representante de los capitanes de empresa de Nuevo León. No hay persecución, hay advertencia. Como las casualidades no existen, revisemos el timing. ¿Cuándo se reunieron los supuestos grandes empresarios de Nuevo León, no siempre muy fieles al legado de Eugenio Garza Sada y el volátil Grupo de los 10 con Alejandro “Alito” Moreno, dirigente nacional del PRI? ¿Quiénes asistieron?

Armando Garza Sada, de Alfa, es el coordinador empresarial para asuntos políticos, por eso las reuniones son en su casa. Pues estuvieron en la comida priista Juan Ignacio Garza Herrera, (Xignux) Enrique Zambrano (Proeza), Ricardo Martín Bringas (Soriana), Raúl Gutiérrez Muguerza (Deacero), Federico Toussaint (Lamosa). ¿Y Cemex, Femsa, Ternium, Kia? ¿Sólo los anti-AMLO?

Una pregunta pertinente, ¿cuáles empresas representan realmente a los ciudadanos de Nuevo León? Los intereses de los ciudadanos de Nuevo León. No hay tal.

López Obrador le pegó al candidato priista Adrián de la Garza porque obtuvo el favor de algunos capitanes importantes. Cierta clase empresarial vio en Adrián a su candidato, no a Samuel García, no a Fernando Larrazabal, a pesar de reunirse con José Antonio “el Diablo” Fernández. Clara Luz Flores estuvo también comiendo en casa de Armando Garza Sada, no los convenció.

Para sobrevivir, el PRI requiere de recursos, y esta parte de los ipecos regios se los dará. Tampoco es casual que el PRD y el PAN nacional salgan a defender a Ildefonso Guajardo. Se inaugura la nueva etapa de confrontación y el uso político de la Fiscalía General de la República –aún más.

Para Nuevo León viene una etapa de conflicto. Ildefonso Guajardo va a sortear el uso político de la Fiscalía, pero el mensaje está ahí, ninguna cortina de humo, más claro ni el agua. La 4T va por cabezas de turco, aunque sean virtuales, mediáticas y no judiciales. Como intuyó la columnista Roberta Garza Medina (Alfa), habrá nuevas batallas entre IP regia y la 4T. Disgregados, el Grupo de los 10 se convierte cada vez más en el Grupo de los 0. Hay nuevos empresarios, hay otros poderes fácticos.

Meter las manos en el fuego por el otro es despreciar las manos. Es muy probable que Ildefonso Guajardo se aproveche de corrupción e influencias, es un hijo de este sistema político mexicano. Y, sin embargo, no lo ostenta. Su respuesta ante los señalamientos de la FGR es débil. Se defendió, no atacó. Lo simple hubiera sido callarse, que el proceso siga en contra de los familiares de López Obrador y los asegunes de Alejandro Gertz Manero en Puebla. Que la bola se incendiara por otro lado.

Rasgar vestiduras es inconcebible en la era digital: todo se sabe… o se inventa. Si acaso existe una cortina de humo en el caso de Ildefonso, la construyó Gertz Manero y la aprovecha López Obrador. Lo que debe o debería intentar la oposición es desnudar la corrupción de la 4T que no es un cambio de régimen, es un cambio en el régimen.

La corrupción no sólo subsiste, persiste. Discursos banales y vanos. No hay machetazo a caballo de espadas. A tres años de gobierno, es imposible una cuarta transformación. Entre los intereses de los poderes fácticos y una transformación a medias, danzan ambiciones.