Por Félix Cortés Camarillo.

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Cuba sí, Cuba sí, Cuba sí, Yankis no…

            Así cantábamos hace más de sesenta años los jóvenes de entonces, en pro de la Revolución Cubana. Queríamos defender a golpes de bongó y ritmo de son, la soberanía de un pueblo al que nos unía la geográfica distancia del Caribe, la cercanía del drama inolvidable de Félix B. Caignet o las canciones de José Antonio Méndez: Contigo a la Distancia.

            Y en esa juventud apoyar un proyecto de transformación política continental, que finalmente Fidel Castro y sus barbudos lograron.

            Regreso al hoy.

            Las manifestaciones en contra del régimen sucesorio del castrista, que marchan por las calles de Cuba desde hace un par de días, gritan simplemente Libertad. Lo que están pidiendo, en realidad, es el libre acceso a vacunas, medicamentos y alimentación para toda su gente.

            El presidente López, que el próximo 13 de noviembre será once años mayor que yo, tardó todo este tiempo para entonar, porque no creo que sea muy afinado, nuestro juvenil cántico. Cuba sí, Yanquis no. López se refería al comunicado del asesor de seguridad del presidente Biden que se pronunció en las redes favoritas del presidente López en pro de la democracia en la isla.

            López Obrador contestó advirtiendo ante la supuesta amenaza de una intervención norteamericana, diciendo que los problemas de los cubanos tienen que ser resueltos solamente por los cubanos.

            No me causa ningún prurito aceptar que estoy totalmente de acuerdo con el presidente López. Totalmente de acuerdo. No intervención; de parte de nadie. Ni los cubanos de Miami ni los gringos de Washington deben intervenir en la solución de la desesperación del pueblo cubano.

            Pero ni el gobierno de nuestro país con el presidente López, quien ayer anunció que México por sus pistolas -las del presidente López- le va a mandar al gobierno cubano de Miguel Díaz-Canel vacunas, alimentos y medicinas para que dé alivio al descontento y se acaben las manifestaciones, y esperemos que las golpizas a los manifestantes que piden libertad.

            ¿Eso no es intervención en los asuntos internos de otro país?

            Hágase la voluntad de Dios en los bueyes de mi compadre solía decir mi papá. Ya que estoy en la remembranza, no se me puede escapar el gran slogan del Movimiento 26 de Julio que llevó al gobierno a Fidel Castro y su pandilla: Patria o Muerte, Venceremos.

            Los cubanos de hoy están pidiendo Patria y Vida.

            Y ya nos dijo el presidente López a qué color le va en esta ruleta.

PILÓN.- El fallecimiento de Jesús «Chucho» Arroyo (1953) va mucho más allá de la muerte de un genial y exitoso empresario de la gastronomía, el folklore y la tauromaquia de nuestro país, o un referente inevitable de la geografía urbana de la Ciudad de México, con el restaurante Arroyo -y su plaza de toros- camino a la salida a Cuernavaca. Arroyo fue un ícono de eso que llamamos amistad. Para mí se traduce en frecuentes físicas ausencias, y en la cercanía que el afecto y la generosidad nos enseña. Que Chucho tenga mejor descanso que la agitación que sufrió sus últimos años.