Por Javier Treviño

@javier_trevino

El domingo pasado vi por CNN todos los momentos que Sir Richard Branson, de 70 años, disfrutó en Nuevo México. Con una gran sonrisa y su traje de vuelo azul, dijo a las cámaras: “He querido hacer esto desde que era un niño”. “Pero, sinceramente, nada podría prepararte para la vista de la Tierra desde el espacio”, añadió.

El lanzamiento comenzó a las 9:30 de la mañana. El avión portaaviones VMS Eve de Virgin Galactic (llamado así por la difunta madre de Branson) transbordó al VSS Unity hasta su punto de lanzamiento a una altitud de 15,240 metros. Después de separarse, el avión espacial encendió su propio motor de cohete híbrido y se elevó a una altitud de 86.1 kilómetros, antes de planear de regreso a una pista de aterrizaje en Spaceport America.

“Una vez fui un niño con un sueño mirando hacia las estrellas”, dijo Branson durante la transmisión. “Ahora soy un adulto en una nave espacial … mirando hacia nuestra hermosa Tierra. Para la próxima generación de soñadores: si pudimos hacer esto, imagínense lo que podrán hacer ustedes”.

El vuelo de aproximadamente una hora marcó un gran hito para Virgin Galactic, que tiene como objetivo comenzar las operaciones comerciales el próximo año.

Es cierto que el vuelo sirvió para alimentar la lucha de egos de multimillonarios famosos.

Pero la realidad es que este vuelo también fue histórico. Entramos en una nueva era de expectativas e incertidumbre. Branson y sus empleados de Virgin Galactic, Beth Moses, Sirisha Bandla y Colin Bennett volaron por encima de los 80 km. Ahí empieza “el espacio” de acuerdo con la NASA. A partir del domingo pasado, los vuelos espaciales han cambiado para siempre.

Durante los últimos 50 años, la gran mayoría de los vuelos al espacio habían sido realizados por astronautas de gobiernos en naves diseñadas y pagadas por gobiernos. A partir de ahora, las naves espaciales son de empresas privadas.

La carrera espacial solía ser entre superpotencias, pero ahora es entre los empresarios. Jeff Bezos, de Amazon, también despegará de la Tierra. Viajará en su propio transbordador espacial, New Shepard, el 20 de julio. Su compañía aeroespacial, Blue Origin, lo llevará al espacio exterior. En dos meses, Elon Musk y SpaceX lanzarán una nave espacial, Crew Dragon, que transportará a cuatro astronautas privados. Esta misión “Inspiration4” fue comprada por el empresario Jared Isaacman, que está utilizando el vuelo para promover la investigación del cáncer infantil. Pero Richard Branson se les adelantó y el domingo pasado se convirtió en el primer multimillonario en ganar la carrera espacial.

El turismo espacial llegó para quedarse.

Por un precio astronómico, pronto se podrá realizar un crucero espacial suborbital con Blue Origin o Virgin Galactic. Si usted desea ir aún más lejos, la cápsula Dragon de SpaceX tendrá una plataforma de observación con cúpula de vidrio disponible para los pasajeros que se trasladen a la Estación Espacial Internacional por ocho días por sólo 55 millones de dólares.

Mientras veía la transmisión de poco más de una hora, me imaginé todo tipo de preguntas. ¿Se podrá colonizar Marte? ¿Los avances de las empresas privadas beneficiarán a la gente común y corriente? ¿Podrán los millonarios mejorar la vida en el planeta Tierra? ¿Avanzará más la educación y la investigación con esto? ¿Habrá ahora una nueva división de la sociedad entre los que pueden salir a la estratósfera y los que no? ¿No es irónico que echen a andar todo su poder y maquinaria económica para despegar de la Tierra cuando aquí vivimos tiempos tan difíciles en términos de pandemias, pobreza, desigualdad y cambio climático?

Mientras que Branson, Bezos y Musk pueden ver la enormidad del cosmos y los espacios entre las galaxias, ¿qué vamos a hacer con la basura y los desperdicios que no son biodegradables y que ensucian nuestro planeta? ¿Qué vamos a hacer con el cambio climático que afectará la economía y nuestras vidas?

Yo estudié la licenciatura en relaciones internacionales y luego la maestría en políticas públicas con especialidad en seguridad y asuntos internacionales. Ahí aprendí que la exploración del espacio tenía como propósito la superioridad geopolítica. La competencia entre Estados Unidos y la Unión Soviética, la estación espacial Mir y la Estación Espacial Internacional (ISS) eran resultado de un sistema bipolar que reflejaba grandes tensiones.

Ahora serán temas de las escuelas de negocios.

La nueva carrera espacial es la de las empresas privadas: Blue Origin (Jeff Bezos), Virgin Galactic (Sir Richard Branson) y SpaceX (Elon Musk). Dicen que quieren colonizar Marte, desplegar un nuevo tipo de satélites. Las dos primeras planean explorar el turismo suborbital, donde los pasajeros son llevados al borde mismo del espacio, mientras que la tercera planea poner a sus pasajeros en la órbita de la Tierra o incluso en la Luna. SpaceX ya llevó, en noviembre de 2020, a los astronautas de la NASA a la Estación Espacial Internacional.

El 20 de julio veremos en CNN cómo Bezos estará en el primer vuelo espacial tripulado del cohete autónomo New Shepard de Blue Origin. Hace 52 años, ese día, Apolo 11 llegó a la luna. El viaje de ida y vuelta durará aproximadamente diez minutos.

Creo que lo más relevantes de lo que estamos viendo es que son las empresas, y no los gobiernos, quienes están ampliando los límites de la tecnología aeroespacial. En sólo cuarenta años, el costo de poner objetos en órbita se ha reducido en más del 97%, de 80 mil dólares por kilo a sólo 2 mil. Habrá un nuevo tipo de transporte de carga y desplazamiento de sistemas de defensa.

La exploración espacial privada tendrá un impacto en muchas áreas. Por ejemplo, el lanzamiento de satélites podría ampliar el acceso a Internet en todo el mundo, tomar imágenes de alta resolución de la Tierra, monitorear el clima. Los vuelos comerciales y el turismo espacial iniciarán pronto. Habrá fábricas espaciales y minería de asteroides. La nueva tecnología nos permitirá producir mejores alimentos, generar energía limpia, mejorar el clima, la atención médica, la educación.

La responsabilidad social corporativa se hace presente ya en la industria aeroespacial. Virgin Galactic ofrece la oportunidad de un viaje a bordo de su avión espacial. Después de regresar a la Tierra el domingo, Branson anunció una asociación con la plataforma de recaudación de fondos de caridad Omaze para abrir un sorteo que enviará al ganador y a un invitado al espacio en VSS Unity de forma gratuita. Si usted quisiera intentar comprar boleto para el mismo vuelo, le costaría 250 mil dólares. El sorteo del 1 de septiembre recaudará fondos para Space for Humanity, una organización sin fines de lucro que trabaja para democratizar los viajes espaciales.

Los multimillonarios del mundo han pasado de los yates, los clubes de fútbol y las supermodelos a la exploración espacial. Los voceros de la izquierda liberal los critican porque dicen que está ampliándose una clase plutocrática separada del resto de nosotros; creen que la exploración del espacio debe dejarse al gobierno solamente.

No estoy de acuerdo con esa crítica. Las inversiones de Branson, Bezos y Musk son un recordatorio de lo que se puede hacer mejor desde el sector privado. En primer lugar, hay una mayor competencia, y eso es bueno. Habrá mayor velocidad en los avances científicos y tecnológicos. El gobierno se estancó en este campo después del fin de la Guerra Fría. En segundo lugar, las empresas privadas tienen el dinero y la experiencia comercial para diseñar e implementar nuevos modelos de negocio. En tercer lugar, los empresarios tienen una visión de más largo alcance y todos los instrumentos para innovar. El emprendedurismo privado no puede ser sustituido por acciones estatistas de un gobierno.

Es muy cierto que el capitalismo necesita ser reformado para que funcione mejor. Pero hace más daño la concentración de la actividad económica en las empresas productivas del Estado y el cambio sorpresivo de las reglas del juego para los inversionistas.

Imagen: RICHARD BRANSON Y EL EQUIPO DE VIRGIN GALACTIC (VIRGIN GALACTIC/REUTERS)