Por Carlos Chavarría

De todas las naciones que rompieron sus yugos, a los que estaban sometidas por las monarquías europeas iniciando el Siglo XIX, América Latina es la que más sufre de importantes atrasos en su desarrollo. Entre más se persiste en la retórica de un pasado heroico y glorioso, menos espacio dejamos para resolver los falsos dilemas que nos aquejan, y lanzarnos al futuro confiados en nuestra enorme capacidad y talento, buen clima, y cuantiosos recursos naturales.

A pesar de la importación del conocimiento europeo, durante el proceso de tropicalización del mismo, no fuimos capaces de enlazarnos con los avances y la evolución del pensamiento que surgieron con posterioridad, y siempre llegamos tarde y avanzamos mal, en la formulación de un modelo estado-nación que nos identifique mas allá de lo anecdótico de nuestra cultura.

Nos arrastró nuestra revolución, la Gran Depresión del 29, las dos grandes guerras del Siglo XX, y las tensiones de la Guerra Fría, y muy recién, en el último cuarto de ese siglo empezamos a preocuparnos por alcanzar algo que al menos se pareciera a la democracia.

Con las recientes manifestaciones de inestabilidad en Cuba, y la inmediata reacción condenatoria hacia los Estados Unidos, de parte de casi todos los países de la misma geografía americana, queda claro que primero tenemos que aprender a reconocer los hechos que ocurren a nuestro alrededor, si acaso queremos salir del subdesarrollo endémico que nos ata.

Es un hecho que desde 1962, a resultas de la Guerra Fría en Cuba, se instaló un régimen pro soviético provocando en muy poco tiempo la llamada “crisis de los misiles”. Los EEUU aplicaron, primero, un bloqueo naval a Cuba, que después se convirtió en toda una serie de medidas de embargo económico. La URSS hizo lo propio en Turquía.

Es un hecho que la economía cubana ha sobrevivido, primero, a partir de una enorme inyección de recursos desde la antigua URSS y del comercio con el COMECON, así como de otros países que han ayudado a sostener, aún con el embargo, al régimen de Cuba.

Es un hecho que Estados Unidos y Cuba no se irán a ninguna parte, y que las condiciones de la “Guerra Fría” que dieron origen al régimen cubano ya no existen, pero siempre existirá el interés estratégico de diversas naciones importantes en la posición geográfica de Cuba en el Caribe.

Es un hecho que la economía de los Estados Unidos, hoy por hoy, se mantiene como el motor económico del mundo, y los países que antes encabezaban las corrientes socialistas, como Rusia, China, Vietnam y toda Europa del Este, han evolucionado su dialéctica hacia un mayor aprovechamiento de las oportunidades para el desarrollo que ofrece la economía de mercado y una mayor apertura. China es el perfecto ejemplo del pragmatismo político de la izquierda de estos tiempos.

Es un hecho que los aquellos países que persisten en el estatismo estalinista, autoritario-paternalista, como régimen de gobernanza, son los más atrasados y si subsisten, lo hacen a través del apoyo nada desinteresado de otras naciones que pretenden aumentar su influencia en el juego geopolítico internacional.

Es un hecho que toda retórica sustentada en la búsqueda de la igualdad con el racionamiento se topará con la realidad del crecimiento de la población y el agotamiento de sus posibilidades transferistas, agotando el ánimo de lucha por más conspiraciones que se inventen desde el estado que gobierna.

Es un hecho que no se puede tener “vagando por el desierto” a naciones enteras por 60 años o más, en búsqueda del modelo económico perfecto, en tanto las burocracias oficialistas de todo tipo medran en favor de sus intereses particulares, acusando  traiciones inexistentes a toda crítica que aparezca en el camino.

Es un hecho que resulta inmoral no permitirle a una persona capacitada hacerse cargo de su vida en pos de la realización de sus más apreciados anhelos, si los mismos no perjudican el interés de nadie más.

Hagamos votos porque el régimen cubano module su estatismo hacia un nuevo estado que propicie cambios en sus políticas y logre ganarse el papel que le corresponde en el hemisferio, sin sacrificar a sus ciudadanos.

“Cualquiera puede imponer su propio sistema político, tan lejos como su ejército pueda alcanzar”.

José Stalin.