Por Félix Cortés Camarillo.

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Hace muchísimos años, entre el exilio tan valioso de los republicanos españoles en México, circulaba un chiste que preguntaba: ¿por qué los españoles tienen el dedo índice más corto que el pulgar?  La respuesta era: porque se han pasado años en las cantinas jugando dominó y golpeando la mesa con el índice, afirmando: éste, éste año, cae Franco.

            Francisco Franco Bahamonde, Caudillo de España por la gracia de Dios -como decían las monedas de antes- no cayó: muchos años después de los juegos de dominó, Franco se murió cuando le dio la gana y designó, como le dio la gana, al Rey Juan Carlos de Borbón como su sucesor en el poder de España; al mismo tiempo estableció el sistema que sigue vigente en la Madre Patria: una monarquía parlamentaria. En el modelo de la Gran Bretaña y otras menos vetustas monarquías europeas en proceso de extinción.

            Yo me recuerdo de mis años en Florida, cuando los exilados cubanos, que estaban ahí jugando dominó en la calle 8, muy cerca de los puertos de salida, para evitar la larga distancia en el regreso cuando se diera el cambio de régimen, y afirmaban como los antecesores españoles: este año muere El Caballo. Esto es, Fidel Castro. Creo que el dedo índice ya se les acabó.

            El domingo vi las manifestaciones de los cubanos en contra del gobierno castrista sin los Castro. Cierto, no había precedente. Tampoco para la represión del régimen cubano en contra de toda disidencia. Hasta el domingo pasado, la represión del gobierno castrista se había basado en un inteligente sistema de delación manzana por manzana que se llama Comités de Defensa de la Revolución.

            Todos los inconformes, que en todos los países somos muchos, en Cuba eran amedrentados por el peligro de que el vecino fuera a delatarte. Por eso, lo que se decía en voz baja en los pasillos y en las reuniones familiares, no salía a la calle.

            El domingo pasado eso se acabó: la gente de Cuba salió a la calle a pedir: «Libertad».

            La respuesta fue una represión física normal, y una restricción a las comunicaciones de este siglo. El aislamiento total. Hoy no podemos saber si hay más o menos muestras de repudio al gobierno, o si las hordas revolucionarias, convocadas para el combate directo al llamado del presidente Miguel Díaz-Canel, han logrado someter por la vía de los «halcones» que bien conocemos aquí, a los opositores «contrarrevolucionarios».

            Este noviembre se cumplirán cinco años de la desaparición física de Fidel Castro.

            Yo no estoy tan seguro de que este año se muera, realmente, Fidel. Hay mucho lastre en este barco.

PARA LA MAÑANERA: Como les dije el otro día, el documental «Red Privada», ¿Quién mató a Manuel Buendía? resultó una obra magnífica de cine documental. Véala, señor Presidente, en Netflix: a lo mejor le manda a usted un mensaje sobre los engranes del poder.