Por José Jaime Ruiz

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En su libro “Nuevo León frente a la pandemia”, el gobernador electo, Samuel Alejandro García Sepúlveda, tiene una clara visión sobre la obra pública que requiere el estado, la inversión económica, el federalismo fiscal, entre otras cosas relevantes, pero deja de lado lo más importante: la inversión social.

El nuevo pacto social que propone Samuel no es un pacto social, es un pacto político centrado en la creación de una nueva Constitución. En su Plan de Trabajo para Nuevo León (página 171), en el top 12 de proyectos de inversión, no existe un apartado central para la inversión social. Samuel debe plantearse cómo abatir la desigualdad, cómo propiciar una vida digna para todos los nuevoleoneses.

El mayor logro de Samuel Alejandro no sería una nueva Constitución o un centro logístico del norte o las carreteras interserrana y La Gloria-Colombia o su plan hídrico o la reestructura del transporte o la agencia de calidad del aire o el difuso gran parque o refundar Fuerza Civil y Policía Regia o las nuevas líneas del Metro o el tren rápido Monterrey-San Antonio o el suburbano García-Pesquería o el Sistema Integral de Tránsito Metropolitano o el estadio de Tigres como una concesión a Cemex. No. El mayor logro sería acabar con la pobreza extrema en Nuevo León. Y no sólo con la pobreza extrema, también con la pobreza moderada.

Desde hace una década Nuevo León es el estado que más ha disminuido el porcentaje de población en pobreza extrema: pasamos de 118,700 personas en 2008 a 25,200 en 2018, lo que representó una baja de 78.7 por ciento, nos indican las cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social publicadas hace un año (nos falta evaluar los efectos de la pandemia).

El gobernador electo dice que los nuevoleoneses somos mejores al resto del país. Pues yo le digo que mientras exista la desigualdad extrema, no somos mejores que nadie. Mientras existan “Chiapas” en Nuevo León, estamos moralmente jodidos. Mientras la calidad de vida de los habitantes de San Pedro sea insultantemente superior a una comunidad de Doctor Arroyo, estamos moralmente jodidos y no somos mejores al resto del país.

Si Samuel Alejandro se lo propone, puede acabar con la pobreza extrema y la pobreza moderada en Nuevo León. Seguir con sus proyectos viables o inviables, pero pensar en la inversión social y de la mano de los empresarios de Nuevo León y extranjeros a través de lo que se ha llamado el capitalismo social. La mejor medalla para García Sepúlveda no es que le den las llaves de Austin, Texas: su mejor logro sería que en Nuevo León no existieran “Chiapas” disgregados.

En septiembre de 2020, el Centro Eugenio Garza Sada lanzó una iniciativa para impulsar un modelo que, obvio, además de propiciar el desarrollo económico, intente el bien común, trabaje en contra de la desigualdad

“Para la iniciativa privada, la disyuntiva es clara: o nos revisamos y empezamos a ampliar nuestros propósitos y colaborar en la creación de sociedades más justas, o nos quedamos como cómplices en el deterioro del sistema, dando elementos a sus críticos más dogmáticos”, reflexiona Federico Garza Santos, presidente del Centro Eugenio Garza Sada.

Es de justicia social acabar en Nuevo León con la pobreza extrema y la pobreza moderada. El nuevo gobierno debe dedicarse también a la inversión social de la mano de los empresarios a la manera del capitalismo social del siglo XX. Samuel Alejandro, ¿ya buscaste a Federico Garza Santos? Si no lo has hecho, hazlo.