Por Carlos Chavarría

Cada vez es más notorio que la alianza opositora formada por el PRI, el PAN y el PRD continúa en estado catatónico, y si lograron un papel respetable en la numérica electoral, fue sólo porque el presidente es demasiado insistente en lastimar a un amplio segmento del electorado que antes creyó en él.

Marcando el rumbo político, el presidente ya “destapó” a sus preferidos y adelanto así los tiempos electorales, para ir preparándoles el terreno, por los grandes pleitos que se vendrán en MORENA, en ese momento tan crucial donde tendrán que decidir si son movimiento o partido.

También anuncia su intención de procesar tres reformas a la constitución en los temas de energía eléctrica y en seguridad, reconociendo que ya sabíamos, que sólo el ejército es capaz, bajo su marco jurídico, de combatir el crimen; y finalmente, habla de una reforma al INE para que “ya no haya fraude electoral”. Lo curioso es que él representa al poder y por tanto es el más interesado en cometerlo.

En tanto la alianza de marras, o se pelean abiertamente como en el PRI y el PAN, o hacen mutis esperando que la piedra ruede como en el PRD. No se ve por ningún lado qué proyecto van a proponer que sea diferente y más apreciable que el presidencial, y que no signifique un retorno a lo mismo que los destruyó en el pasado. Esta difícil.

En los niveles locales, estados y municipios, la cosa está peor porque la astringencia de recursos, fuera de los preferidos de los programas federales, los ha puesto al filo del caos, vulnerables, inseguros… algunos casi paralizados donde ni siquiera parece haber gobierno, como es el caso de Nuevo León.

Si nos guiamos por lo dicho por los intelectuales orgánicos de MORENA como Muñoz Ledo, Ackerman, o Taibo, el movimiento ya se desplomó y tampoco tienen una línea discursiva, que evitando radicalismos, los reposicione como un verdadero cambio en México. Los rollos que han usado ahora, hablarán de ellos mismos, porque ya son pasado después de 3 años de espectáculo, pero no de resultados.

Hasta los medios de comunicación que se autodenominan “independientes”  ya suenan repetitivos acerca de los desatinos presidenciales, y los riesgos que ya no lo son tanto, sino que se han convertido en realidades apabullantes, como es el caso de la violencia y la crisis económica que ya no se puede ocultar.

Es un hecho que con una clase política tan desangelada, en un país con muy pobre cultura política, y con tanta miseria, la agenda diaria la dicta siempre el presidente de turno, usando a esos pobres como objeto precioso de su retórica; y a sus enemigos, reales o inventados, que lo quieren combatir como los “malos”, como parte imprescindible de su teatro político.

“En política… nunca retirarse, nunca retractarse… y nunca admitir un equivocación”.

Napoleón Bonaparte.