Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Lo dice un personaje en la serie televisiva de abogados The Good Wife: “Los políticos usan las estadísticas como los borrachos usan los faroles: más como un punto de apoyo que para iluminar”.

Y si vencer tus ambiciones / no puedes, con cautela y reservas / síguelas. Y cuanto más adelante vayas, / sé más observador, más cuidadoso. // Cavafis

“Hoy las opiniones dominantes emanan de personajes cuya razón y sabiduría no son evidentes, pero que ocupan un lugar que permite que sean escuchados. La opinión pasa por unos actores, escritores, personajes mediáticos cuyo rostro y cuya voz son conocidos; así es como se relaciona la frecuencia de su palabra con su veracidad y se identifica aquel que ‘aparece mucho’, con aquel que tiene ‘mucha razón’. De conocido se vuelve reconocido, aceptado, avalado. Este es el rasgo esencial de la civilización mediática” (I. Antaki, El manual del ciudadano contemporáneo).

De El libro de los amores ridículos, de Milan Kundera (en español publicado por Tusquets), se desprenden las siguientes reflexiones.

– Aquella noche pensé que estaba brindando por mis éxitos, sin tener la menor sospecha de que estaba celebrando la inauguración de mis fracasos.

– ¡Con qué ligereza y con qué defectuosos materiales edifica el hombre sus excusas!

– Los callejones sin salida son mi mejor fuente de inspiración.

– El pasado de cualquiera de nosotros puede ser perfectamente adaptado lo mismo como biografía de un hombre de Estado, amado por todos, que como biografía de un criminal.

– Hay momentos en la vida en los que uno tiene que batirse en retirada. En los que debe rendir las posiciones menos importantes para salvar las más importantes.

– Era inútil pretender atacar con razonamientos el firme muro de sentimientos irracionales con los que, al parecer, está modelada el alma de una mujer.

– Yo puedo inventar cualquier cosa, reírme de la gente, idear historias y gamberradas, pero no tengo la sensación de ser un mentiroso ni me remuerde la conciencia; cuando digo esas mentiras, si quieres llamarlas así, soy yo mismo, tal como soy; al decir una de esas mentiras no estoy fingiendo, sino que en realidad digo la verdad.

– Si te puedo dar un consejo, la próxima vez sé honesto y no mientas, porque ninguna mujer respeta a un hombre que miente.

– …en efecto, tiene una mujer muy joven; y lo que es peor: está enamorado de ella; y lo que es aún peor: le tiene miedo; y lo que es aún muchísimo peor: tiene miedo de perderla…

– …la mujer fea espera lograr algo del esplendor de su amiga más guapa; la amiga guapa, a su vez, espera reflejarse con mayor esplendor si la fea le sirve de telón de fondo…

– …también le tenía aprecio a la enseña bajo la cual se pasaba la vida marchando: la enseña del eterno acoso a las mujeres.

– Seguía pensando en aquella enseña. Y también en que, con cada año que pasaba, lo que cada vez importaba menos de aquel acoso a las mujeres eran las mujeres, y lo que cada vez importaba más era el acoso en sí. Siempre que se trate de antemano de una persecución vana, es posible perseguir diariamente a cualquier cantidad de mujeres y convertir así este acoso en un acoso absoluto.

– Claro que ser celoso no es una cualidad muy agradable, pero, si no se emplea con exceso (si va unida a la humildad), presenta, además de su natural incomodidad, cierto aspecto enternecedor.