Por Félix Cortés Camarillo

Los que más prometen

son los que menos cumplen;

se deben desechar los temores

porque lo más grave del peligro

es el miedo que produce.

Las Fábulas de Esopo

El anuncio trepidante del canciller Ebrard convocando a la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a celebrarse en México, en el mismísimo Palacio Nacional y con la infrecuente presencia personal del presidente López (que se concretó en una asistencia durante cinco horas a la sesión principal) provocó razonable barrunto internacional.

De manera explícita, el canciller Ebrard y su jefe adelantaron la intención de consolidar a la Celac en este conciliábulo como una alternativa válida a la muy desprestigiada OEA, con las mismas funciones y estructuras pero con la exclusión explícita de Canadá y los Estados Unidos. La invitación de Miguel Díaz-Canel, presidente de Cuba, como invitado de honor a los festejos de aniversario de la lucha de Independencia de México, fue equívoca en esencia pero válida en el efecto. Le mandó a los Estados Unidos un mensaje de inconformidad con la política exterior que ejerce. El mero 16 de septiembre en el Zócalo, el presidente López apeló al buen juicio del presidente Biden para que levante el embargo comercial en contra del gobierno de Cuba.

Hay que abrir un paréntesis breve: efectivamente, los Estados Unidos deberían levantar dicho embargo, principalmente porque equivoca su resultado. Se pretende castigar al gobierno de Cuba porque se ha negado persistentemente a indemnizar a las empresas norteamericanas expropiadas por el gobierno de la Revolución Cubana. Los que sufren los efectos del embargo económico no son los potentados cubanos de hoy, que viven en las mismas residencias de los potentados de Cuba de ayer, en el Vedado -que en su nombre lleva su descripción- y otras zonas de ricos: los cubanos de a pie son los que sufren la escasez de abasto, servicios y, sobre todo, libertad.

Volviendo a la reunión de la Celac: lo que iba a ser una revisión crítica de la OEA para plantearle una opción viable alternativa, devino un torneo de oratoria barata -«ponga usted una fecha, lugar y hora para un debate sobre democracia», le dijo Maduro al presidente de Uruguay, Luis Lacalle- como si la democracia se construyera con discursos.

Los presidentes de Uruguay y Paraguay y el Canciller de Colombia descalificaron a los presidentes de Cuba, Nicaragua y Venezuela con sólidos argumentos. Los de Cuba y Venezuela rechazaron toda punto que les fuera adverso. Todos ellos ignorando la ingenua iniciativa del presidente López de convertir a la Celac en un instrumento unificador como la Unión Europea. Si esta entidad no ha podido realmente integrar economías tan dispares como Grecia y Alemania y no resistió el embate de la salida de Gran Bretaña, ¿cómo emparejar sociedades y economías como las de Brasil, Chile o México, con las de Haití y El Salvador?

Todo hace recordar la fábula de Esopo, en la que unos montes que anunciaban con estruendo su aportación al mundo acabaron pariendo un ridículo ratón: palabras, palabras, palabras, dice el Príncipe Hamlet de Dinamarca. El mayor logro que hoy se festina de la cumbre de la Celac es la creación de la Agencia Latinoamericana y Caribeña del Espacio (quítate Elon Musk que ay te vamos), un vago fondo para desastres provocados por el cambio climático, acelerar el acceso y la producción de vacunas Covid, y la condena al embargo económico de Cuba.

Por ahí, en uno de las últimos párrafos, se hace una mínima referencia al principal problema que las Américas enfrentan hoy, por lo menos las del Norte y el Centro; la migración. La llamada Carta de México busca la protección de los derechos humanos de los migrantes y una recepción digna y segura de los que seguramente serán retornados.

Los montes han parido.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, ya que usted se opone tan firmemente a los bloqueos, ¿por qué´no le sugiere a su amigo Miguel Díaz-Canel que le levante el bloqueo que le tiene impuesto al pueblo de Cuba?

‎felixcortescama@gmail.com