Por Carlos Chavarría

El izquierdista español, Pablo Iglesias, dijo que abandonó la política en España porque lo querían matar, y atemorizado, no podía de ser de utilidad para nadie. Ni modo, regresará a la televisión de donde había salido.

Daniel Ortega Saavedra, uno de los dirigentes principales del Frente Sandinista, convertido en abanderado de la izquierda,  no quiere dejar la presidencia de Nicaragua después de 15 años en el poder, más los que sumaría “de ser electo de nuevo”, por lo que se dedica a anular a cualquier opositor que se sienta con capacidad para vencerlo. Menudo nuevo Somoza se ganaron en aquel país (¿?).

El heredero de Chávez en Venezuela, Nicolás Maduro, que tiene su propia interpretación del izquierdismo, busca a como de lugar continuar en el poder sin importar las limitaciones y privaciones para su pueblo.

Alberto Fernández de Argentina y su Vicepresidenta, Cristina Fernández Vda de Kirchner, en su afán de continuar en sus erróneas políticas económicas “de izquierda” están haciendo todo lo posible para no abandonar nunca el poder.

Evo Morales de Bolivia, Correa de Ecuador, Lula en Brasil, son otros más de los políticos izquierdistas influyentes que no cejan en sus intentos de mantener lo único cierto, sus intenciones estalinistas, bien aprendidas de los hermanos Castro de Cuba: no dejar el poder y tampoco devolver la libertad a sus sociedades.

Los movimientos de inspiración marxista que surgieron a principios del Siglo XX y que fueron financiados por ingleses y alemanes como estrategia para debilitar a su eterno enemigo, la Rusia zarista, sirvieron para que al final de cuentas Stalin inventara su propia versión de socialismo, deformando todas las concepciones Leninistas para nunca permitir la “la ansiada dictadura del proletariado” sino la consolidación de una burocracia rígida y dictatorial dependiente de un solo líder.

La desintegración de la antigua URSS marcó el comienzo de un giro evolutivo de todos los gobiernos diseñados por aquella para confrontar al bloque de los países liberales encabezados por los EEUU.

Todos los países antes sometidos a los dictados de la Cortina de Hierro, empezando por supuesto por Rusia, evolucionaron hacia la social democracia, excepto los latinoamericanos, que se han aferrado a la gran mentira de sus arengas seudo socialistas, creando la paradoja de países muy ricos en recursos, pero empobrecidos por sus “eternizadas burocracias casi monárquicas” creadas a imagen de la cubana.

Todos los émulos cubanos acceden al poder por medio de la democracia bajo la misma formula discursiva y de oferta electoral. Una vez apoltronados empiezan el mismo programa de acción centrado en transferir recursos a los más pobres y hasta ahí es su versión de justicia social y lucha contra la desigualdad.

Todos siguen usando el termino “izquierda” y la verdad ni los mismos que se califican como tales saben o podrían definir en una frase qué es el modelo de izquierda final a la que pretenden llegar. En lo único que coinciden, es en comprar con migajas el voto de los más pobres, migajas que fueron producidas en los periodos de algún tipo de auge, y convertir en enemigo a todo aquel que trabaja y produce.

No puede ser más absurdo, habida cuenta de que tan pronto como se acaban los recursos y la capacidad de endeudarse, sus vulnerabilidades los debilitan frente a los ciclos económicos, que en su discurso siempre serán provocados por los EEUU con toda intención para causarles problemas.