Por Félix Cortés Camarillo

Si hay algo que no se le puede disputar al gobierno del presidente López es su transparencia. Especialmente en lo que se refiere a sus adversarios. Que no le quede la menor duda a todo aquel, mexicano o no, que no esté dispuesto a integrarse a las filas de los incondicionales y ciegos seguidores del iluminado, infalible, incuestionable, irrebatible líder de los oídos sordos: se encuentran del lado del mal.

Esta semana, cuando se hizo pública una fotografía de la torre de control del aeropuerto de Santa Lucía que devino una ilusión óptica, al denunciarla el presidente López preguntó ingenuamente ¿quién la publicó? para contestarse a sí mismo: ¡Grupo Fórmula! De inmediato soltó un supuestamente asombrado ¡Jaime! que llevaba la connotación subterránea de ¿»no que éramos amigos»?

Porque los adversarios tienen nombre y apellido, y la larga y creciente lista es encabezada por los Claudios X. González, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, Carlos Loret de Mola, todo el grupo editorial Reforma, el diario El Universal entero, más los que se añadan esta semana. Todo aquel con capacidad de pensamiento y expresión que disienta del pensamiento y las decisiones del gran Tlatoani.

Grupo especial en los rencores de este acomplejado poderoso somos los que hemos tenido la oportunidad de cursar estudios superiores en otros países, y la comunidad académica y científica que dedica sus empeños a procurar sacar a México del hoyo de la ignorancia y el atraso en la investigación. El porcentaje de los fondos dedicados a la ciencia y la tecnología en México, no llega al uno por ciento del Producto Interno Bruto, esto es de la riqueza total del país. Corea del Sur se acerca al cinco por ciento. Por eso dependemos de toda la ciencia, tecnología y creatividad extranjera y seguimos comprando autos Kia.

La dócil y «autónoma» Fiscalía General de la República sigue insistiendo en meter a la cárcel, precisamente en el penal de Almoloya, a un grupo de 31 personas, mayormente investigadores de la ciencia y la tecnología o ex funcionarios del CONACYT. Para lograr su muy transparente decisión «independiente», los delitos, que han sido desechados ya por un juez que impidió la orden de aprehensión, consisten en delincuencia organizada y especialmente aprovechamiento de fondos de procedencia ilícita.

El mono detalle es que, en el caso de que los acusados hubieran hecho mal uso de algunos fondos, eran fondos del CONACYT, precisamente. Ergo, habría que consignar también a la institución máxima de la ciencia y la tecnología y torturarla hasta que confiese de donde sacó la lana que los acusados le birlaron.

El asunto es transparente. En más de una ocasión el presidente López ha justificado un nombramiento confuso, afirmando con serenidad y don de mando, que para servirle a él y su gobierno, hay que tener un 10 por ciento de capacidad y un 90 por ciento de obediencia ciega.

¿Habrá que decir algo más en favor de la innegable transparencia?

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, ¿todavía espera respuesta afirmativa de su carta a Santaclós Biden sobre la implantación de sus programas demagógicos en Centroamérica para acabar con la migración? Mejor espérela sentado.

‎felixcortescama@gmail.com