Por Carlos Chavarría

Olvidémonos de los colores partidistas, desde hace mucho la mayoría de los electores votamos por rostros y ofertas discursivas influidas por inercias ocasionales  que se modelan por la experiencia personal y la comunicación de masas.

El caso de un personaje como Alfonso Martínez Domínguez es muy difícil de repetir, fue la mejor evidencia de que la experiencia probada sería la única garantía de un buen gobierno, todo lo demás son riesgos. Así que elegimos entre lo que hay, y parafraseando a  la señora esposa del recién electo gobernador de Nuevo León, nos guste o no, Samuel gobernara 6 años, así que mejor  deseemos que le vaya bien para que nuestro estado también mejore.

La revolución mexicana como institución y la 4T son evangelios ya caducados que forman parte de la mitología política, hoy la gente eligió jóvenes o que al menos lo parezcan, porque hay jóvenes que tienen mañas de viejos políticos como fue el caso de Medina. En ocasiones el  influjo del poder público envejece a los jóvenes y rejuvenece a los viejos.

He tenido la oportunidad de asesorar a diversas empresas familiares y siempre he recomendado a los fundadores no temer a sus jóvenes hijos y dejar que  se desarrolle todo su potencial enfrentándolos a la realidad concreta para que con su presencia y guía aprendan el arte de dirigir y liderar, ojalá el nuevo joven gobernador se deje ayudar.

El tiempo es inexorable y las generaciones más jóvenes van alcanzando los escalones que corresponden en todos los centros de poder y la política no es la excepción, al poder público tendrán que llegar los que siguen.

Los jóvenes que ahora llegan tendrán que demostrar que de algo ha servido su educación y que sabrán instalar nuevos paradigmas que nos lleven a mejorar el estado general de las cosas que nos afectan a todos.