Por Erika González Ehrlich

En los países donde el control de los sectores estratégicos se encuentra en manos privadas, se está precipitando un gran desastre para los consumidores. Hoy tenemos varios ejemplos, como el de los 26 países que integran la Unión Europea y en especial España en materia de energía eléctrica, replicada en otros aspectos en la Gran Bretaña y los Estados Unidos, hoy con especial rudeza en Puerto Rico; apagones, precios impagables, desabasto, etc.

Nadie debería estar en contra de que la iniciativa privada participe en las áreas de negocios de sectores que no son estratégicos, e incluso de que lo haga en estos, siempre y cuando el control de los sistemas y de las regulaciones del mercado se mantenga en manos de las autoridades.

En México la discusión desatada en pro y en contra de esta reforma enviada al congreso por el poder ejecutivo, para revertir los abusos y el desorden que se han presentado a raíz de la reforma energética de Peña Nieto, aprobada a partir del reparto de dinero ilegal a legisladores, especialmente panistas, no tiene nada que ver con las energías limpias.

El tema central es el control del mercado y la libertad absoluta que desean mantener las empresas eléctricas del sector privado para extorsionar a toda la población, como lo hacen en España.

Sería muy interesante que todos estos ladrones disfrazados de empresarios, nos revelaran en realidad cuanto invirtieron en sus concesiones energéticas. La mayoría del dinero se lo prestaron los bancos de desarrollo mexicanos, como Nafinsa, Bancomext y Banobras, para que invirtieran esos créditos que son producto de nuestros impuestos, en lugar de traer dinero propio e invertirlo en su negocio.

Así, a través de esos créditos, estos delincuentes establecieron empresas con nuestro dinero, para después apoderarse del mercado justo con esas empresas y cobrarnos tarifas mayores a las razonables, a fin de que seamos los consumidores los que terminemos pagando esos créditos que nosotros les dimos.

Estos negocios fueron armados de saliva, pero estructurados y operados con nuestros fondos y con la expectativa del mercado que nosotros mismos representamos. Una estafa avalada por el Estado que les autorizó las concesiones, les entregó el dinero que necesitaban y les otorgó las libertades que querían para que todo les saliera gratis y a pedir de boca.

Uno de sus argumentos indefendibles, es que esta reforma impide que México produzca energías limpias, lo que no es más que otra mentira con la que intentan defender sus negocios fraudulentos. La CFE no nada más produce energía limpia, sino que está remodelando 60 plantas hidroeléctricas, que no producían porque se le daba prioridad a estos sátrapas y que en adelante van a generar la energía más limpia con la que se cuenta en el mundo, que es la que se produce mediante la fuerza del agua que tienen las presas.

Esta energía es además controlable, independientemente del comportamiento climático, lo que la hace mucho más estable que la energía que depende del viento o del sol, porque para generarla tienen primero que haber suficiente cantidad de estos dos factores y eso no siempre sucede.

Así es que se les acabó la fiesta y ahora, una vez que esta reforma sea aprobada por el congreso, los privados solo van a poder generar la mitad de toda la energía eléctrica del mercado y el Estado generará la otra mitad, además de conservar el control sobre las reglas del juego, con lo que evitaremos que nos extorsionen estos paladines del robo, con precios hiper elevados. Se acabó también la robadera en este sector, aunque los empleados de estas grandes corporaciones disfrazados de partidos de oposición, lloren como magdalenas y se revuelquen como gusanos con limón.

Como dijo el filósofo alemán Immanuel Kant: “Si un hombre se hace gusano, no debe quejarse cuando lo aplasten”.