Por Omar Cervantes Rodríguez

Cuando faltan poco menos de dos meses para llegar a la mitad del sexenio de la autodenominada “Cuarta Transformación” y ya que el mismo presidente Andrés Manuel López Obrador parece haber adelantado los tiempos de sucesión, ante las mediciones de las preferencias electorales actuales en el país, me viene a la mente la tonada de una canción de Mercedes Sosa (también interpretada por Guadalupe Pineda), que dice más o menos así: “cambia, todo cambia”.

Ayer tomé café con uno de los políticos nacionales y nuevoleoneses con mayor visión de estado, cuyo nombre omito porque no pedí su venia de citarlo, que me regaló un gran frase que vale la pena tener muy presente en estos momentos.

“En política, lo único que no cambia es que todo cambia, dice un viejo axioma de la política, a lo que yo añado, y a veces cambia muy rápido”, me comentó mi comensal de amplia trayectoria en el servicio público estatal y nacional.

En efecto, la carrera adelantada hacia el 2024, si bien hoy arroja números muy favorables hacia los candidatos o candidatas de la 4T, el desgaste de su anticipada exposición que ya ha comenzado a dibujarse de manera preelectoral, la previsible crítica polarizada de los opositores al gobierno de López Obrador, el largo período para sobrevivir en escenarios de crisis y la natural lucha del poder entre corrientes internas del partido en el gobierno, pueden presumir que estos números con los que se arrancan serán muy diferentes a los que veremos en la próxima elección presidencial.

Por el otro lado, la ausencia hasta este momento de un liderazgo opositor sólido, una propuesta alternativa de gobierno y las divisiones internas y diferencias entre los que pudieran conformar nuevamente alianzas opositoras, retrata un panorama en el que, al menos hasta hoy, el partido en el poder pudiera perpetuarse si no surge a tiempo el contrapeso que pudiera darles la pelea.

El PRI, el otrora partidazo que perdió la elección de 2018, parece cada vez más minado, salvo su dominio en algunas entidades federativas como el Estado de México, Coahuila e Hidalgo, mismos que no les alcanza para poder acceder nuevamente al poder cuando ha caído a ser la tercera o cuarta fuerza en el país, además de los asuntos internos que actualmente dirime su dirigencia nacional y la deserción de quienes han emigrado precisamente a Morena, en el amasiato de lo que algunos llaman PRIMOR.

En tanto, el PAN, la derecha natural del país, aparece dividida y desarticulada sin un liderazgo nacional visible y muchos asuntos internos por resolver, con un grupo que empuja a que Ricardo Anaya vuelva a ser su representante, mientras otros consideran que deben verse otros cuadros del albiazul para poder negociar y continuar la alianza “Va por México” con el PRI y el PRD o lo que queda de ambos.

Suponiendo sin conceder, como dicen los abogados, que los partidos opositores en lo particular puedan conciliar sus temas internos, en caso de que deseen ir en bloque antiMorena, la pregunta sería, ¿cómo se podrán de acuerdo para elegir un candidato común?, ¿quién cederá ante quién? Ese parece ser un primer obstáculo para impedir que la 4T siga en el poder.

En tanto, en Movimiento Ciudadano, que gobierna actualmente los estados de Jalisco y Nuevo León, si bien parece una fuerza emergente que hasta ahora se ha mantenido fuera de las debilidades cuestionadas al PRI, PAN y PRD, hacia el interior de su instituto político existe la hipótesis de que para poder acceder a la Presidencia de la República, tendría que hacerlo en alianza con alguna otra fuerza porque con un candidato propio difícilmente podrían resultarle favorables las matemáticas electorales.

Así que en un país en el que Morena gobierna casi el 45 por ciento de la población en las entidades federativas, tiene el poder del ejecutivo federal y el control en las cámaras de senadores y de diputados, el reto es muy grande para que nuestro México tenga un proceso electoral con contrapesos sólidos para fortalecer nuestra democracia.

Hoy los analistas electorales deben estar haciendo escenarios para saber dónde estarán los votos volátiles o indecisos que puedan marcar una tendencia y equilibrar la sucesión.

Por lo pronto, parecería que la lucha es de la 4T contra la 4T, enfrentando a la jefa de gobierno de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum y al canciller Marcelo Ebrard como los dos aspirantes sólidos y visibles, con un Ricardo Monreal periférico y algunos que pudieran estar tapados.

¿Logrará la 4T unidad y cohesión? ¿Llegarán unidos o se dividirán y harán boquetes al partido en el poder que pueda cambiar la ecuación? ¿Logrará la oposición un proyecto serio de tomarse en cuenta?

Las respuestas tienen poco menos de tres años hacia la próxima elección federal del 2024 para ser contestadas y como comenzamos este texto, hay que estar atentos porque cambia, todo cambia, todo.

Sólo hay que ver hacia dónde ira cambiando todo e ir observando porque una sucesión de tres años será muy desgastante para todos los involucrados.