Por Carlos Chavarría

Gran ingenuidad o malicia, según se quiera creer, está mostrando el gobierno mexicano al suponer que la crisis del gas natural en el mundo es causada por una o más empresas, como si concentrar todo el poder energético en el gobierno resolviera un problema que tiene otros orígenes.

A nosotros los mexicanos de a pie siempre nos ha resultado difícil pensar en términos del mundo en el que estamos insertos. Asumimos que “es un asunto del gobierno” el preocuparse por la política internacional, porque nosotros ya tenemos suficiente con los asuntos del diario quehacer.

Nos equivocamos cuando le dejamos al gobierno esa responsabilidad y también cuando suponemos que nuestros problemas nunca tienen que ver con algo que esta ocurriendo en el mundo porque los riesgos los estamos enfrentando cada uno de nosotros.

La crisis que está gestándose, más allá de la pandemia del COVID, tiene raíces más profundas en los juegos de poder del Grupo de los 8. Nada menos la triste historia de cientos de años de dominación constante de Afganistán por parte de alguna potencia regional o mundial, ahora abre un nuevo capítulo con la salida de los EEUU de ese territorio.

EEUU ocupo Afganistán como resultado de los ataques a las Torre Gemelas al considerar que ese país era promotor y protector del terrorismo. Similar excusa tuvo la antigua URSS  para justificar su invasión de aquel país en 1979 y hoy el péndulo está creando las condiciones para un nuevo retorno a la dominación rusa por cuestiones que se originan en el gas natural y dos grandes proyectos de gasoductos, NORD STREAM  2 y el TAPI.

Esos dos proyectos tienen en común a dos países débiles como nosotros, Ucrania y Afganistán, pero están en el centro de dos bloques de competencia diferente, Rusia y Europa Occidental por una parte, y China-India-Paquistán, por la otra. No es difícil pronosticar qué les espera en aquella región al estar otra vez en el centro del juego de poder, pero con un país en crisis como Afganistán.

Esos dos proyectos ponen en evidencia la debilidad de los lideres actuales mundiales para resolver un tema clave de nuestros tiempos, la coexistencia cooperativa en asuntos de preocupación común y el ambiente competitivo entre democracias liberales y países profundamente dictatoriales.

En los días que vivimos, competencia y cooperación no solo coexisten, se condicionan entre ambas.

La cuestión estratégica para las “democracias del mundo liberal” reside en cómo alcanzar un balance entre el fortalecimiento de la cooperación entre los de igual marco de pensamiento para vencer a sus competidores por una parte, y como evitar convertir la competencia con estados autocráticos  como China, en una abierta confrontación, que agotaría el espacio para la necesaria cooperación.

El repentino aumento de los precios del gas natural en los mercados europeos es la primer señal de un enorme desequilibrio que por si solo ya debería llevarnos a buscar con mucha seriedad substituir el gas por otras fuentes.

¿Y en que nos afecta?, con justa razón me increparían ustedes. Los precios del gas natural son en extremo volátiles [https://www.eia.gov/naturalgas/weekly/archivenew_ngwu/2003/10_23/Volatility%2010-22-03.htm] y se acerca el invierno con problemas de abasto debido a la desigual distribución del gas entre los países del mundo, México no podrá disociarse del problema [https://www.eia.gov/outlooks/steo/report/natgas.php] por nuestra poca capacidad de producción doméstica y nuestra profunda dependencia hacia ese combustible.

Si agregamos el intento de regresar al ineficiente monopolio estatal de le energía, junto con un gobierno seco de recursos financieros y holguras en el gasto, podemos esperar que se desatará la inflación más allá de lo que en este momento puede la economía nacional operar y asimilar.