Por Carlos Chavarría

Si por muchos años fue válido para entender a México el muy sincero propósito del inefable Emilio “ El Tigre” Azcárraga, al justificar la basura televisiva que entregaba en sus canales, porque era “para que los muy jodidos mexicanos se distrajeran de su triste condición”, a como están las cosas, ahora Mark Zuckerberg tampoco se equivoca con su proyecto para acabar de alienar a sociedades enteras al sumirlos en un mundo virtual que les permita olvidar aunque sea por unos momentos el ya de por si falso e inestable mundo en el que vivimos.

No es el primer intento de virtualizar la realidad, ya en 2016 [https://ebentancour.com/04-virtualizacion-de-la-realidad/] se lanzaron al mercado unas gafas para generar equivalentes digitales de formas reales con la idea de superar a los juegos de video, parece una inocentada pero no lo es tanto.

Como todo, en las tecnologías de información para uso lúdico se desconocen aun los impactos derivados que en el mediano y largo plazo introducirán en la cultura y modos de vida de México y del mundo en general.

La virtualización de la realidad como una expansión de la imaginación no es más que una extensión de la mentalización que pareciera muy común a los seres humanos y que ya había dado pasos importantes en el diseño, ingeniería y arquitectura desde que fueron concebidas como áreas del conocimiento.

De hecho vivimos ya dentro de una economía virtual donde cada vez nos alejamos más del proceso y nos centramos en el objeto. Alguna vez cuando queríamos apaciguar el frío debíamos cortar leña para quemarla en la chimenea que habíamos construido dentro de la casa que también debimos hacer. La tecnología ahora permite que con un solo toque en un control de un clima cambiemos la temperatura a nuestro antojo.

No obstante, al igual que la imaginación es una suerte de virtualización de todos los mundos posibles que podíamos construir, gracias a la tecnología no hemos sido capaces de construir uno sin armas o drogas, y nos fuimos por el camino más inestable como si existiera una medida de algún tipo de entropía social que nos dedicamos de manera sistemática  a incrementar la inestabilidad de nuestra sociedad.

Por ejemplo, la tecnología computacional no ha facilitado como se esperaba la formación de mejores gobiernos y sus prácticas, como tampoco los procesos en si han reducido sus costos, existe algo más de agilidad pero no mejores resultados de la gobernanza.

La aceleración de la entropía social impulsada por la avalancha de herramientas de información no ha conducido a la integración de  familias más estables que las del pasado, ni hablar de que tengamos mejores comunidades, por más instrumentos educativos al alcance.

Debido a la aceleración de la entropía social tenemos una visión incompleta del grado de perversión de la realidad que hemos provocado en cuanto la verdad como contenido, se vuelve cada vez mas elusiva y confusa, siendo sacrificada en aras del subjetivismo.

Lo que sigue según Zuckerberg será multiplicar los mundos posibles pero siempre con los aparatos y herramientas que ellos habrán de diseñar y no los usuarios, que se volverán más dependientes de los aparatos, como fue el caso de calentamiento de los hogares.

La desconexión paulatina de la realidad es un residuo que lleva a planteamientos y análisis que parten de premisas falsas creadas por la interpretación que cada quien haga de su realidad olvidando la visión global del entorno en el que vivimos, generando complicaciones acumulativas que a su vez conducirán a más inestabilidad y fragilidad.