Por Félix Cortés Camarillo

La legendaria Bartola tenía dos pesos para pagar la renta, el teléfono, la luz y el gasto. El resto habría de guardarlo para los alipuces de su macho. Como Bartola debemos sentirnos hoy los mexicanos.

No debe asombrar a nadie que el descontento social, por lo que deja vislumbrar el presupuesto para el año que viene, en nuestro país, es intenso. La intención es transparente: seguir haciendo del dinero público instrumento y sostén de proyectos políticos partidistas.

La reducción más notoria es la tajada que se le da al detestado -por el presidente López- INE, que tiene la doble función de provocar la trampa y su rebote. El INE no va a tener recursos para organizar y realizar la mafufada de la consulta sobre la revocación/ratificación de mandato del presidente, pero en automático se verá receptor de las denuncias de trampa y chanchullo para evitar que esa supuesta consulta condujera a resultados plausibles. Es un asco de maniobra. Todo el dinero para apoyar las dos vertientes que le importan al presidente López: regalar pequeñas limosnas a las grandes masas de pobres para comprar sus votos mediante becas con gorgojo, y beneficiar a las fuerzas armadas con aportaciones y prebendas.

Desde luego que duele, naturalmente, la desfachatez de la puerca alianza de los legisladores de Morena y el presidente de México al aprobar sin quitar ni una coma el presupuesto de egresos de la Federación para el año 2022. La sumisión abyecta sólo nos deja concluir que la llamada cuarta transformación no es otra cosa que un colosal retroceso a los usos políticos del pasado: precisamente los usos y costumbres en contra de los que treinta millones de mexicanos votaron en 1918 para llevar a López a la presidencia.

Efectivamente, una mayoría considerable de los mexicanos rechazó el modelo de la imperial presidencia que implementó el PRI desde sus raíces y aprovechó el PAN en su momento para su disfrute. Morena está haciendo resucitar ese modelo, con bríos que no tuvo en sus postrimerías el priísmo y un entusiasmo de Morena lindante del fanatismo nazi.

La cereza de este ominoso pastel de estulticia no es las mañanitas al cumpleañero presidente en la Cámara de Diputados: lo es la reunión celebratoria del triunfo de la aplanadora priísta con otros colores, con la participación, en un festejo partidista, del secretario de Gobernación, la más reciente corcholata destapada por López Obrador para pretender sucederlo.

PILON: Es necesario reconocer la contribución de Clemente Serna Alvear, fallecido el domingo pasado, a la evolución de la radiodifusión en México. El regiomontano inició, con José Elías Gutiérrez Vivó en 1974 el concepto radiofónico de Monitor. La radio, que desde su nacimiento tenía como función básica tocar discos y difundir música y canciones, comenzó a hablar. El concepto hizo popular y millonario a Gutiérrez Vivó, que compró los restos del diario El Heraldo de México, lo renombró como Monitor y lo volvió a quebrar. Las instalaciones en San Jerónimo de Radio Red, para 2007 ya vendidas a la familia Aguirre, siguen ocupadas por los huelguistas empleados en aquel entonces por Gutiérrez Vivó. Hoy en día Radio Fórmula y sus conductores tienen el liderazgo en el importante y efectivo concepto de la radio que habla. QEPD Clemente Serna Alvear a quien tuve el gusto de tratar.

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