Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

Samuel García puede tumbar, despedir a cualquiera de sus funcionarios, se trata de obedecer a Alejandro Junco o de una relación de empatía donde los dos ganan, pero si la corrupción no se castiga, la impunidad se impone: corrupción con impunidad, ergo, crimen sin castigo.

En otro artículo ya expliqué que la “insatisfacción positiva” consiste en que El Norte denuncia y el funcionario resuelve. Ellos hacen la nota, yo (gobernador) resuelvo el problema y la medalla es compartida.

Sucede con los despidos de directivos de Agua Y Drenaje y de Metrorrey. Oronda, la columna “M. A. Kiavelo” se jacta:

“1.- EN una semana, sendas investigaciones periodísticas acabaron desatando ceses fulminantes de parte del Gobernador Samuel García…

2.- EL primer caso fue en Agua y Drenaje, en donde Carlos García Salazar, coordinador de Procesos y Calidad, otorgó contratos millonarios a empresas ligadas a él…

1.- MIENTRAS que el segundo fue el de Humberto Ramos Hinojosa, director de Metrorrey, que buscaba ser proveedor de este organismo a través de una empresa de la que él es apoderado…

2.- ESTÁ por verse en qué terminan las investigaciones de la autoridad estatal sobre estas irregularidades, pero lo que por ahora es de destacarse es la rápida respuesta de Samuel ante la sospecha de corruptelas o conflicto de interés de sus funcionarios…

1.- COINCIDENTEMENTE, ambos interfectos están al menos desde la Administración de Jaime Rodríguez y operando con los mismos esquemas cuestionados que ahora les valieron sus ceses…

2.- LO que sí es muy diferente es la respuesta de Samuel en comparación con «El Dronco» ante casos con tufo de corrupción…

1.- AHÍ está como perla de muestra el emblemático caso del «Cobijagate» -la compra de cobijas por parte del Estado al triple de su precio en el mercado, a un costo de 29 millones de pesos para el erario, cobijas que nunca existieron en su totalidad y un largo etcétera de transas- que se llevó cerca de cinco años de «investigaciones»…

2.- A PESAR de que la revelación periodística ocurrió en febrero del 2016, a sólo cuatro meses de que había arrancado la Administración «anticorrupción» de Rodríguez, el Gobernador siempre fue el primero en minimizar el hecho y defender a los involucrados, que era gente bastante cercana a él…

1.- AL final, para sorpresa de nadie, no hubo ningún funcionario estatal cesado o vinculado a proceso por el fraude…

2.- POR lo pronto, Samuel ya pintó su raya en relación a su antecesor, y ya se verá si las irregularidades se traducen en sanciones administrativas o penales…”

Alejandro Junco puede denostar al Bronco, pero fue cómplice de su ascenso a la gubernatura y de la llegada del fiscal Anticorrupción, Ernesto Canales, quien nada hizo para resolver el “cobijagate”. Junco fue corresponsable del desmadre del sexenio de Jaime Rodríguez Calderón. Que no se haga. Ahora veremos si Samuel Alejandro sigue bailando al son que le toque El Norte. Porque en vez de periodismo de investigación, el periódico prefiere las filtraciones. Las filtraciones también pueden ser tráfico de favores, arreglos que hacen los funcionarios con la prensa: “A mí me tratan bien y yo proporciono información clasificada”.

Y pues sí, desnudar la corrupción, cobijar la impunidad.