Por Omar Cervantes Rodríguez

La próxima semana, el 1 de diciembre, se cumplen 3 años de que el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, recibió la banda presidencial y asumió el máximo cargo político en este país que ha llegado ya a la mitad de su sexenio, con balances de todo tipo y realidades innegables más allá del análisis o la interpretación de su mandato.

En esta ocasión me permitiré primero dar mi opinión muy personal, quizás subjetiva, por haber participado activamente en el gobierno de la auto llamada Cuarta Transformación, por más de tres años. Aunque de manera inmediata trataré de ser muy objetivo al enumerar algunas de las realidades que se observan a la mitad del camino.

Desde el proceso electoral del 2018 fui siempre un convencido de que nuestro país necesitaba un cambio radical y una sacudida como la que quizás estemos viviendo ahora, sin saber aún el resultado final de lo que nos traerá el régimen elegido por una abrumadora mayoría.

Como comunicador, he tenido el privilegio de participar en diversos proyectos políticos, de casi todos los partidos, en más de 34 años de servicio. Por lo que puedo dar testimonio de haber vivido desde adentro los sucesos más relevantes de nuestro país desde las elecciones de 1988 hasta la fecha y soy de los que creen que la alternancia básicamente tripartidista (PRI-PAN-PRD) desgastó las estructuras del poder y México pedía a gritos un cambio radical de timón, además de que las desigualdades sociales y económicas encontraban una esperanza en el Movimiento de Regeneración Nacional.

Ello sin ahondar, porque no tengo evidencias, más allá de lo que comentan en algunos círculos de análisis, en el sentido que el partido en el poder, el PRI (sin ánimo de ofender a su militancia), estaba destinado a morir o a renovarse y que fue precisamente el último presidente emanado de sus filas, Enrique Peña Nieto, el encargado de hacerlo y abrirle paso al movimiento que hoy ejerce el poder federal, la mayoría en las cámaras legislativas y casi la mitad de la población en entidades federativas.

Por todas estas razones, convencido de que México merecía otro rumbo. Además de que como periodista y comunicador siempre es un privilegio estar donde se escribe la historia, jamás dudé en participar con el gobierno del presidente López Obrador, en el que estuve dos años como vocero de la Secretaría de Gobernación al lado de una mujer que fue otro de los motivos para que yo aceptara el reto, por sus cualidades y por su calidad como persona y como servidora pública.

Quizás estas cartas de presentación puedan sugerir que un análisis del que suscribe sobre lo que se ha logrado y no se ha logrado a la mitad del camino, podría estar cargado de filias, por lo que me limitaré a dar algunos datos duros y hechos que nadie pudiera refutar, dejando los resultados y los logros al paso de la historia y de quienes la escriben, así como quizás, de las próximas elecciones en 2022, 2023 y 2024, en las que veremos si Morena y sus aliados se afianzan en el poder o les pasa lo que al PAN cuando llegó a la presidencia, que sólo pudo gobernar por 12 años para después perder y dividirse hacia su interior.

A la mitad del camino México tiene un presidente con un nivel de aceptación en promedio del 65 al 70 por ciento, lo que indica la popularidad personal de López Obrador, aunque su partido en las proyecciones electorales está en promedio en 40 por ciento de las preferencias, lo que sugiere que tendrán que seguir construyendo alianzas y seguramente colgarse de la popularidad de su líder político, para seguir ganando en las urnas, como se estima que será en el 2022, cuando podrían ganar 5 de las 6 gubernaturas en disputa.

A la mitad del camino, hoy las estadísticas y probabilidades numéricas denotan que sólo si la oposición se une por completo, tienen posibilidades reales de derrotar al partido oficial y hacer que México cambie de rumbo nuevamente, lo cual parece en este momento muy poco factible puesto que sólo tres partidos están trabajando en el mismo propósito y construyeron una alianza, PAN-PRI-PRD (en orden de representación popular). Por su lado Movimiento Ciudadano gobierna en dos estados y dos capitales principales del país, con escasa representación legislativa en las cámaras federales y en los congresos locales. El resto de los partidos en su mayoría se consideran hoy por hoy, satélites de Morena.

En tres años de gobierno, nuestro país luce completamente polarizado y aparentemente han desaparecido los matices intermedios, ya que o se está completamente con el régimen o se está completamente en contra de este, sin importar los porcentajes, en un escenario inédito que ha dividido en dos a los mexicanos cuando opinan de política y de gobierno.

Esta polarización es latente en las redes sociales cada vez más presentes en la vida pública de México, así como en casi todas las conversaciones digitales o en las mesas donde se aborda el tema.

A la mitad del camino se promueve lo que establece la Constitución, para que por primera vez en la historia, si los ciudadanos lo disponen, los mexicanos puedan salir a las urnas en marzo para democráticamente votar en la ley de revocación del mandato presidencial, ejercicio que, de llevarse a cabo, podría indicarnos la aprobación o desaprobación del pueblo sobre la gestión de su mandatario.

A la mitad del camino se prevén cambios en el equipo de gobierno, o se especulan más bien, porque a estas alturas ya todos deberíamos saber que López Obrador no adelanta sus acciones en los medios, que estarían encaminados a arropar a quien vaya a ser la o el elegido del partido oficial, en las elecciones del 2024.

A la mitad del camino, el movimiento de la 4T tiene al menos una terna de precandidatos a la Presidencia de la República, el último de ellos se suma en la lista por interpretaciones de temas públicos. En orden alfabético para no incurrir en ningún mensaje oculto, Marcelo Ebrard, Adán Augusto López, Ricardo Monreal y Claudia Sheinbaum son los cuatro aspirantes en una inédita y adelantada carrera por la sucesión, mientras que del lado opositor suenas muchos nombres, aunque aún se ven pocos liderazgos que surjan como figuras emergentes.

A la mitad del camino, algunos piensan que México ha cambiado, aunque subyacen los análisis para decir si ha sido para bien o para mal.

Los datos de la economía, los índices de desarrollo y los números del país los dejaremos a los especialistas, escucharemos con atención el mensaje que dirigirá López Obrador al pueblo el 1 de diciembre próximo, así como leeremos las críticas a favor y en contra de los balances, para normar nuestro propio criterio.