Por Obed Campos

Los motociclistas de domingo se han vuelto una verdadera amenaza influyente en la Carretera Nacional los fines de semana. No son gente pobre, ni montan en sus pesadas y carísimas motociclistas por necesidad o por trabajo. De hecho algunas motos sobrepasan por mucho el medio millón de pesos.

No, estos supuestamente montan por deporte, pero lo hacen más por un exhibicionismo de demostrar quién usa los accesorios más caros, las botas más exclusivas…

Tampoco andan en la moto todos los días. La usan nada más las mañanas de los fines de semana, en que se van a almorzar a Allende, Santiago o Montemorelos.

Eso sí, para ellos no hay ni leyes ni reglamentos que valgan: a la lejanía de una llamada de celular, de un mensaje de Whastapp están contactados con las autoridades, por lo que en carretera su palabra es la ley.

¿Será por eso que ninguna autoridad vial, ni las federales ni las locales hacen algo para pararles la mortal carrera?

Por sus temeridades se han convertido en el terror de la Nacional, sobre todo cuando viajan en grupo y amulan aquellas pandillas de la primer película de Mel Gibson, Mad Max, cuya historia distópica transcurría en un anárquico futuro… No muy diferente a la realidad que nos toca vivir a los nuevoleoneses.

Y no es uno, son muchos los casos de gente inocente avecindada en la zona y sin muchos recursos que se han visto involucrados en choques contra estos riquillos descontrolados y han perdido su patrimonio enfrentados a la prepotencia y el influyentismo.

Los ejemplos de lo que puede pasar si ninguna autoridad hace su trabajo y les para la carrera a estos salvajes, están manchados con la sangre de tantos accidentes múltiples en carreteras mexicanas.

Cuando veas las barbas de tu vecino cortar… dice el dicho, que nuestras autoridades, en este y otros temas delicados parecen no escuchar que es hora de remojar las barbas.

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