Por Félix Cortés Camarillo

Hace un par de años, en pleno desarrollo de un campeonato mundial de futbol, entré en Monterrey a uno de esos restaurantes-bar que tienen enormes pantallas para que los comensales puedan seguir los encuentros deportivos de su predilección. Iba yo acompañado de mi hermano y en ese momento jugaba la selección mexicana contra la de Argentina. Cuando nos ubicaban en la mesa, los argentinos hicieron alguna jugada que a mí me pareció notablemente buena aunque no tuvo consecuencias en el marcador. Se me ocurrió celebrar la habilidad de los argentinos en voz poco discreta y pocas veces he sentido a mi alrededor la atmósfera previa a un linchamiento tumultuario.

            Lo menciono porque eso define mi actitud hacia todas las justas deportivas, puesto que en mis años mozos nunca fui un destacado jugador de nada que no estuviese vinculado con el levantamiento de tarro, la barra fija o el high ball. Soy, en cambio, un atento seguidor de las transmisiones de encuentros por televisión, sin tener la vocación o la capacidad de seguir con fervor fanático a un equipo en particular.

            Esa postura me hace disfrutar de todos los partidos de cualquier deporte, desprovisto de la angustia que la disposición del fanático tiene que atravesar cuando su equipo va perdiendo así como me exenta del excesivo júbilo ante su victoria, que según tengo entendido puede desembocar en un infarto al suocardio.

            Cuando después de muchísimos años de ausencia regresé a mi pueblo natal, los que recién me estaban conociendo no me preguntaban sobre mis convicciones políticas, filiación partidaria o inclinaciones sentimentales. Lo único que les interesaba saber era si yo soy partidario de los Tigres o de los Rayados; de eso dependía la simpatía que en ellos iba a despertar mi persona. Obligado circunstancialmente, mi simpatía está con los Tigres porque la Universidad de Nuevo León, cuando todavía no era autónoma, fue mi primera universidad. No obstante, mi simpatía sigue perteneciendo, en todos los deportes, con el equipo que juegue mejor, practique el deporte con mayor limpieza y caballerosidad y sepa asumir la victoria y la derrota, cuando se dan, como simples resultados de una justa deportiva, sin mayor trascendencia ni ideológica ni sentimental. Siempre le voy al que gana y eso me evita soponcios.

            Digo todo lo anterior porque esta noche de lunes el futbol mexicano femenil tendrá un nuevo equipo campeón. Será de Monterrey, el de las Rayadas o el de las Tigresas y cualquiera que conquista el campeonato lo habrá obtenido merecidamente.

            Estuve viendo la semana pasada el partido de ida entre Rayadas y Tigres. El marcador final fue de dos goles a dos, pero eso es irrelevante. El partido de ida fue un excelente partido de buen futbol, dedicado, serio y decente, a diferencia de los encuentros de futbolistas varones en nuestro país. Las muchachas salieron a partirse el alma y cuando se causaron daño al cuerpo de la adversaria, ésta no daba muestras de gran capacidad histriónica. Ni exageraron el dolor ni se deshicieron en maromas fingiendo dolores que desaparecían en cuanto el balón entraba de nuevo en juego. Y eso que una de las muchachas tuvo una hemorragia fuerte con la nariz bien golpeada. Sin aspavientos requirió pronto alivio y siguió jugando como si nada.

            El nivel de juego de estas mujeres jóvenes no tiene nada que pedirle a sus pares varones. El tema al que quiero llegar es justamente la palabra pares. Esta muchachas, que dan un espectáculo deportivo igual de digno que los hombres y a veces mejor, no perciben ni por asomo las cifras de varios ceros que las contrataciones de los futbolistas hombres reciben.

            Ahora que está tan de moda la paridad de género, debiera aplicarse también a los deportes. Todos.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, los mexicanos estamos conscientes de que su ofensiva a partir de hoy será frontal e incesante para destrozar la institución más valiosa que hemos obtenido los mexicanos en la larga y cansada lucha por la democracia, el INE. Todo porque no puede ni está dispuesto a realizar un capricho liviano de ratificación de mandato que es una payasada que ya abiertamente su aparato de propagando quiere hacer pasar como de ratificación de su presencia en la presidencia. Lo sabemos.

‎felixcortescama@gmail.com