Por Carlos Chavarría

En días pasados el presidente anunció para beneplácito de la OPEP que México dejará de exportar petróleo para destinar toda la producción a ser refinada en nuestro país, básicamente gasolinas..

Dos cosas contrarias no pueden significar lo mismo y mientras el presidente festina una noticia prematura, la administración morenista de PEMEX en todas sus reuniones de con agentes económicos nacionales y extranjeros [https://www.pemex.com/ri/herramientas/Presentaciones%20Archivos/AMB_13Sep21.pdf] publicita todos sus éxitos como el puntal del desarrollo nacional a partir de los recursos que le entrega en demasía al propio gobierno federal para el cumplimiento de sus programas.

La insistencia de dejar de exportar petróleo y ser “autosuficientes” en destilación de gasolinas proviene de la gran sensibilidad de los electores de  la clase media hacia el precio de los combustibles y alguien le vendió al presidente la peregrina idea de que podría bajar el precio de los combustibles sin usar recursos de otros programas de gobierno y con eso mantener sus preferencias electorales.

Olvida el presidente que fue precisamente esa idea, la de subsidiar los combustibles,  la principal causa que llevo a PEMEX a la precaria situación financiera en la que se encuentra.  Desde su fundación en 1938, todas las administraciones y hasta nuestros días usaron los recursos petroleros para subsidiar diversos temas económicos que no tenían un repago suficiente.

Por otro lado, un subsidio a los que tienen auto no responde a carácter redistributivo alguno y por el contrario provocan desequilibrios en las finanzas publicas que más temprano que tarde se tendrán que pagar con tasas de inflación más elevadas, dando al traste con el propósito inicial de ahorro en los hogares.

A contrapelo de la realidad que indica que no debemos ubicar mal lo recursos públicos, es bien sabido que cuando el precio de un servicio o producto es irreal porque está subsidiado, nadie lo cuidará, como es el caso del agua y la energía. Tanto fue el desperdicio que incluso diseñamos nuestras ciudades para que dependieran del auto privado y porque al fin y al cabo “nos fueron escriturados los «veneros del diablo” y somos y vivimos en el “Cuerno de la Abundancia”.

También debe justificarse la tontería de haber comprado una refinería americana vieja cuando el mundo trata de moverse hacia la independencia  de los combustibles fósiles.

Las finanzas nacionales están desfondadas por el pobre desempeño de la economía, profundizado por la pandemia y por la desconexión entre el presidente y el sector privado, simplemente no logra crear la confianza suficiente para invertir en nuestro país, fuera de las inercias que ya venían en proceso escasean los nuevos proyectos de alto valor agregado.

No obstante el panorama tan difícil que ya sabíamos que se tenia que enfrentar la administración federal insistió en subestimar el peso e impacto de la crisis que ya esta sobre mundo y continuaron con proyectos de mediano impacto regional y una serie de decisiones erróneas como la de cancelar el aeropuerto. Pero en este momento todo en la óptica presidencial es electoral y es bien sabido que los programas sociales redistributivos o transferistas  que implantaron son el puntal del que depende su mejor resultado en las elecciones del 2024.

Para desgracia de MORENA con la crisis encima, se ve muy lejano el día de las elecciones y las holguras económicas se esfumarán por obra de la inflación y la energía, porque aun y cuando se dejase de importar gasolinas y gas natural el faltante presupuestario del gobierno federal solo podría ser cubierto con una aumento enorme de la deuda pública, lo que haría el problema mas grande.

Pero ya sabemos que la presidencia desestima toda información que no coincida con sus pronósticos, así que es previsible la reedición de una encrucijada como la de final de sexenio de Salinas cuando se usaron los Tesobonos para continuar con la parranda  esperando los tardíos resultados del TLC en la cuenta corriente, que llegaron mucho después, pero ya no había remedio.