Por Francisco Tijerina Elguezabal

“De todas las formas de engañar a los demás, la pose de seriedad es la que hace más estragos.” //Santiago Rusiñol i Prats

Habría que empezar por castigar, y muy severamente, la frivolidad política, a ver si así se dejan de proponer tonterías.

Pareciera que nada entendimos ni aprendimos de las lecciones que nos dejó el enclaustramiento obligado y las restricciones por el coronavirus en el pasado y nuestros ilustres diputados del PAN, encabezados por el simpático “Chale” de la Fuente, anuncian su agenda para este 2022 iniciando con una propuesta tan ilógica como inservible: la obligatoriedad del certificado de vacunación.

Dicen los legisladores albiazules que promoverán la obligatoriedad del certificado de vacunación Covid-19 en negocios de venta de alcohol y eventos masivos, conciertos y espectáculos deportivos, “como medida de contención ante el alza de casos de contagio del virus causante de la pandemia, para combatir el alza en el porcentaje de la denominada ‘inmunidad de rebaño’ en Nuevo León, en la que desafortunadamente los menores de 12 a 14 años no han sido incluidos”.

Una medida así afecta a miles de personas. Habría que explicarles a nuestros diputados azules que existe una cantidad innumerable de hombres y mujeres que tienen que trabajar sin descanso para conseguir sobrevivir “un día a la vez” y que ello implica el laborar durante extenuantes jornadas en las que no queda tiempo para otra cosa que para trabajar y llegar a casa a pasar unas cuantas horas.

Imagine la escena de un taquero que se levanta de madrugada a terminar de preparar su producto y sale a ofrecerlo en las calles. Apenas termina la venta, por ahí del mediodía, debe volver a resguardar sus enseres y correr al supermercado para, con parte del dinero obtenido en la venta del día, adquirir insumos para preparar la comida del día siguiente, después ir volando a casa, comer algo rápido y ya estar empezando a preparar guisos y salsas para caer rendido en la noche. ¿A qué horas creen que tuvo tiempo de ir a vacunarse? ¿Y ahora resulta que no le permitirán entrar al supermercado por no estar vacunado? ¿Es delito o pecado el ser pobre y tener hambre o ver por su familia?

Igual con los de la clase pudiente, con la medida propuesta por nuestros inteligentes legisladores, ¿en dónde van a dejar las madres de familia a sus hijos que no tienen vacuna cuando vayan al súper o a un centro comercial?

A ver cuándo dejan de legislar en lo superfluo y se ponen a pensar, aunque sea un poquito, en las repercusiones y alcances de sus infantiles propuestas, porque prohibir es muy fácil, lo difícil es construir soluciones, pero eso no se les da ni se les dará jamás.

ftijerin@rtvnews.com