Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.” // Winston Churchill

Apenas comienzan, pero el tono y sobre todo la contundencia de los argumentos que presentan los vecinos de las colonias del sur inconformes con la pretendida construcción de la Línea 5 del Metro de forma elevada sobre la avenida Garza Sada, son para no dejarse pasar en balde.

Lo anticipamos hace unos días, al decir que construir el nuevo Metro de manera subterránea elevaría el costo de la obra no es suficiente para quienes no comulgan con el proyecto estatal. Elevado o a nivel de calle, es un hecho que terminará comiéndose dos carriles de la ya de por sí congestionada Garza Sada, lo que redundará en congestionamientos, contaminación y el incremento de horas-hombre destinadas a los traslados.

Los vecinos temen por el incremento vial, pero sobre todo por el impacto que tendrá en el valor de sus propiedades el tener el viaducto elevado del Metro sobre la arteria.

El proyecto encuentra oposición porque de inicio fallaron en la manera de comunicarlo a la sociedad; sin socializar, sin consultar, sin auscultar y, lo que es aún peor, en una actitud defensiva anticipándose a las protestas, lo que de manera obvia encendió la mecha de los sureños que para pronto tocaron los tambores de guerra.

Y sí, son pacíficos y actúan dentro del marco de la ley, pero a diferencia de otros, tienen la capacidad de organizarse (ya lo están de hecho), además del tiempo y el dinero para dedicarse por entero a defender su patrimonio, lo cual para ellos es sagrado y legítimo.

Aferrarse a construir la obra bajo su perspectiva le costará al gobernador García, y de paso al alcalde regiomontano Luis Donaldo Colosio, una importantísima cantidad de votos que lograron en su elección en esta parte de la metrópoli y en ello también deberían pensar.

Porque lo que ayer vieron en el exterior del Congreso y las declaraciones en el sentido de que van a ampararse, son apenas el inicio de una batalla para la cual ya se declaran listos y en la que, a diferencia de los jóvenes gobernantes, llevan la ventaja de su experiencia y conocimiento de la historia, tanto en lo jurídico como en lo mediático y las luchas sociales.

La Macroplaza en su momento o la ampliación de Venustiano Carranza tuvieron opositores, pero las dos obras contaron con toda una estrategia de comunicación y socialización que aseguraron el apoyo de la mayor parte de la comunidad, lo cual no ha ocurrido en este caso. Si los posibles “beneficiarios” de la obra (y digo posibles porque en su mayoría no serán los usuarios del Metro), no están de acuerdo, al resto del área metropolitana le valdrá un cacahuate. Ya los quejosos han dicho sus argumentos sobre el por qué no; ¿qué le falta al Estado para salir a la palestra y enumerar las ventajas y bondades de un Metro elevado? ¿Cuáles serán los beneficios para los pasajeros y los vecinos?

Valdría la pena que el gobernador y su equipo evaluaran los riesgos de intentar arrancar una obra contra la oposición vecinal. Si en realidad no hay manera de construir el sistema de forma subterránea, tal vez sea mejor pensar en cambiar el destino de la obra y llevarla a un lugar en donde encuentren vientos más favorables.

ftijerin@rtvnews.com