Desaparición de LyFC, el principio del desmantelamiento infraestructura eléctrica

Por Erika González Ehrlich

En el sexenio de Felipe Calderón, se comenzó a desmantelar la infraestructura eléctrica nacional iniciando por la desaparición forzada de la Compañía de Luz y Fuerza, donde más de 40 mil soldados disfrazados de policías y armados hasta los dientes, con lujo de violencia, expulsaron de sus sitios laborales a 46 mil trabajadores de esa empresa, dejándolos sin trabajo y sin dinero, al grado de que muchos de estos técnicos altamente calificados tuvieron que intentar sobrevivir vendiendo dulces en la calle, mientras otros murieron en la pobreza.

La reforma energética de Peña Nieto en 2013, pasada por el congreso a base de sobornar a legisladores corruptos que por unos cuantos pesos decidieron entregar las riquezas de la nación a las empresas extranjeras, intentó terminar el trabajo de destrucción de la industria, dividiendo a Comisión Federal de Electricidad en varias empresas que no podrían competir por si solas con las eléctricas privadas. Les otorgó a estas últimas beneficios, subsidios y canonjías que les permitieran ir quedándose con todo el mercado, para secuestrar a los consumidores y extorsionarlos como actualmente lo hacen en España, por ejemplo, además de crear un desorden absoluto de precios y métodos de operación en todo el sector.

Este trato preferencial nos ha costado hasta hoy a los mexicanos 500 mil millones de pesos en subsidios y canonjías para las empresas privadas como Iberdrola, que no pagan los costos reales de la energía, sino mucho menos.

Para que nos demos una idea, esta cantidad es equivalente a lo que cuesta financiar todos los programas sociales del gobierno durante un año. Estos sátrapas neoliberales ladrones, que tanto critican que se destine dinero a la gente más necesitada, ya se embolsaron de parte del gobierno una cantidad igual a la que se destina para eso cada año.

Durante el gobierno actual, la Secretaría de Energía publicó disposiciones que eran necesarias para terminar con este desorden y con el saqueo permitido por la reforma energética de los sobornos, pero los angelitos de las empresas privadas se ampararon, al más puro estilo de taxis piratas tolerados que trabajan amparados.

Por esta razón el presidente de la República decidió mandar al congreso la iniciativa de Reforma Eléctrica, que pone orden en las metodologías de operación de la industria para evitar el riesgo de desastres que hoy corremos, para terminar con los subsidios y las preferencias que tienen estas empresas por encima de las de la CFE, y para impedir que más de 77 mil empresas asociadas con ellos, se sigan robando una buena parte de la energía que consumen. Además, les deja a ellos la mitad del mercado eléctrico nacional para que lo cubran, que equivale a todo el mercado eléctrico de España o Argentina, a ver si en igualdad de circunstancias son capaces de competir.

Como vemos, estos neoliberales que se la pasan criticando a otros precisamente por las prácticas que ellos llevan a cabo, sin tener necesidad de hacerlo. Trabajan amparados como taxistas tolerados con tal de no respetar la ley; viven de subsidios gubernamentales como si fueran adultos mayores o jóvenes aprendices construyendo el futuro; sus 77 mil amigos asociados, como Kimberly Clark, Bimbo, Telmex y muchos otros, se roban la luz como un grupo cualquiera de paracaidistas instalados por la fuerza en una colonia perdida; viven de prestado con todos los fondos internacionales y la banca de desarrollo dándoles dinero para que no tengan que invertir el de ellos y además no quieren pagar impuestos.

¡Pues de qué se trata! ¿No son ellos los que más defienden el libre mercado, la competencia y quien sabe que otras falacias que nunca practican, pero a las que quieren que nos sometamos todos los demás? ¡Basta de simulaciones y saqueo! La Reforma Eléctrica Va y no se nos van a olvidar los nombres de los que voten en contra.

Como dijo el novelista ruso Fiodor Dostoievski: “El hombre que miente, llega a un punto en que no puede distinguir la verdad dentro de él y termina por perder todo respeto por sí mismo y por los demás”.