En Ciudad de México marcharon 75 mil mujeres, colmaron el Zócalo y demostraron que no buscan una guerra con nadie, sino solo paz y justicia, para lo que incluso regalaron flores a las policías.

Las mujeres llevaron a las calles sus exigencias, consignas, coraje, hartazgo y dolor. Otra vez y como solo ellas lo saben hacer: con baile, danzas, flores y rituales. Unidas y envueltas en púrpura; reportó MILENIO.

Durante la manifestación las mujeres entonaron la canción “Vivir sin miedo”, que se ha convertido en una especie de himno e, incluso, frente a Palacio Nacional la entonaron más fuerte.

El temor por la pandemia que frenó a muchas hace un año quedó atrás, pues 75 mil mujeres volvieron a adueñarse de las calles de Ciudad de México y con mucha más fuerza. Marcharon por ellas, por sus madres, hermanas y amigas; por las que quieren y por las que ni siquiera conocen. Por Fátima, Lesvy, Esmeralda, Fernanda, Paola, Jéssica, Claudia, Angélica, Diana, Itzel, Alejandra… por cada una de aquellas a las que les arrebataron la vida por el simple hecho de ser mujer y por las que siguen exigiendo justicia.

Demostraron que no buscan una guerra con el sexo opuesto, con la autoridad o el gobierno, al contrario, quieren paz. Así lo entendieron las policías que,  al coro de “policía consciente, se une al contingente”, marcharon por un momento junto a cientos de aplausos y porras que les dieron la bienvenida.

Otros contingentes entregaron flores a las policías que se mantenían en fila con la orden de cuidar paredes y monumentos, pero también para mantener la integridad de las asistentes. “Gracias por cuidarnos, ustedes son nosotras”, les decían y si lo permitían, las abrazaban; informó MILENIO.

Cada una de las mujeres tenía una historia desgarradora que la hacía gritar. A Marlene la asesinó un hombre el 4 de marzo de 2018 tras destrozarle la cabeza con una piedra. Ayer, su prima Luna salió a marchar en su nombre.

“No sé cuál era su odio cuando hizo eso, fue brutal. Hubo justicia en su caso, pero nada me la va a regresar”, dijo a MILENIO.

Tania Karina desapareció el 20 de julio de 2020 y sus amigas decidieron marchar porque las autoridades no han avanzado en la denuncia contra el principal sospechoso: su ex novio.

“La vida no es igual cuando te arrebatan a una amiga, cuando no sabes dónde o cómo está, por eso salimos a marchar, por la rabia, por la indignación e indiferencia de las autoridades».

Como cada año, destacaron los contingentes de las madres que exigen justicia para sus hijas asesinadas y reclaman que el hombre que les quitó la vida finalmente termine preso; las que buscan a sus hijas, las que quieren que el gobierno haga su trabajo y no solo eleve muros frente a sus consignas.

“La exigencia de justicia al gobierno federal, que dejen de ser omisos e indolentes, que dejen de pretender que no existimos, queremos y exigimos sentencias para todos y cada uno de los feminicidas de cada una de nuestras mujeres”, dijo la madre de Fátima, una niña de 12 años víctima de feminicidio.

“Que nuestras niñas sepan lo que ustedes, lo que todas hicimos para cambiar esto, para tener un lugar seguro para habitar, para cumplir cada uno de nuestros sueños, no la muerte”, agregó la madre de Lesvy, asesinada en una caseta telefónica de la UNAM.

Cecilia vive en Hidalgo pero se trasladó a Ciudad de México para la megamarcha, para gritar que le falta Naomi, su pequeña hija de siete años que, cuando jugaba, fue secuestrada y asesinada por un vecino. “Ya tenemos un año de lucha pidiendo justicia y venimos a la marcha porque no se ha resuelto nada”; destacó MILENIO.

Aunque estas marchas suelen ser separatistas, esta vez hubo espacio para los hombres que también han sido víctimas de la violencia feminicida. José Luis Castillo, conocido como “el padre buscador”, se presentó con la lona que carga desde hace años colgada del cuello con la imagen de su hija Esmeralda, a quien busca desde hace más de 10 años.

“No me olviden, falto yo”, es la frase que acompaña la imagen de Esmeralda y que su padre carga todos los días buscándola. Ayer llegó a la manifestación con brillantina rosa y brincó en medio de la calle con un grupo de jóvenes que le coreaban “¡no estás solo!”; lo que agradeció pidiéndoles “unidad hasta el final, compañeras, por nuestras desaparecidas”.

Esta marcha se caracterizó por su diversidad. Por abrir un espacio para todas. Una mujer afromexicana apareció descalza, vestida de blanco y con un par de telas del mismo color atadas a la cintura que por momentos simulaban una enorme cauda y cuando el viento ondeaba parecían unas enormes alas, mientras ella ondeaba la bandera mexicana.

Coreando “¡ni cis, ni trans, ni una asesinada más!”, “Lxs trans existimos porque resistimos” y “¡aquí está la resistencia trans!”, se sumó a la marcha un contingente de mujeres transgénero que pidieron una lucha feminista inclusiva.

“Vengo aquí porque creo que tenemos que participar y hacer patente que las mujeres somos diversas. Nos matan y nos acosan sin ver los genitales. No quisiera que el feminismo quede como un discurso de odio que caiga en definir qué es o qué no es ser mujer, ya tenemos suficiente con el sistema patriarcal, no necesitamos más obstáculos internos”.

Como en otras protestas, también hubo mujeres de la tercera edad que pidieron no satanizar las marchas, pues “el uno por ciento hace destrozos pero el otro 99 por ciento venimos a alzar la voz, a luchar por nuestros derechos. Vinimos de generaciones de mamás y abuelas que fueron educadas de manera machista, que no sabían que tenían derecho a quejarse, a ser respetadas y por eso también nos toca, yo vengo por las generaciones de mi madre, la mía y por la de mi hija”.

A sus 13 años, Celeste tiene su propia historia. Marchó junto a su madre pero también por ella, porque quiere sentirse segura. “Los hombres se me quedan viendo cuando voy por las calles, cuando camino, me dicen cosas y no me gusta sentirme así”.

Desde los balcones de varias casas y las ventanas de algunos edificios, personas apoyaban su lucha. Ellas agradecían con gritos, porras y elevando sus pancartas; señaló MILENIO.

Esta vez no pudieron derribar las vallas soldadas con las que el gobierno protegió su concreto y monumentos. Pero en respuesta, ellas dejaron los muros con los nombres de las víctimas de feminicidio y con decenas de fotografías de sus presuntos asesinos. Esos que decidieron quitarles la vida y que, hasta hoy, las autoridades no han podido castigar.

Todas alzaron la voz a su estilo. Algunas colocaron tapetes de pintura púrpura para dejar sus marcas en el pavimento, para recordarles a las autoridades sus huellas, el rastro del hartazgo que no se agota y el recuerdo de ese clamor de justicia que no llega.

Conmemora 8M

La escritora Beatriz Gutiérrez Müller realiza una gira por Argentina y Chile en representación de su esposo, el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Desde Buenos Aires conmemoró el Día Internacional de la Mujer Trabajadora junto al presidente Alberto Fernández, evocó el recuerdo de Evita Perón y agradeció a aquellas que han labrado el camino para lograr equidad de género. 

Con información de: Jannet López Ponce, Alma Paola Wong, Alejandra Zárate, Azucena Rangel, Silvia Arellano, Sandra Rojas y Omar Brito.

Imagen Portada: Ariel Ojeda | MILENIO